La Galería Las Bóvedas presentó hasta ayer, la exposición fotográfica de Melcina Rosas, una artista panameña, que a través de su lente captó momentos y sensaciones vividas en el Casco Viejo de la ciudad capital. Con una peculiar forma de pensar, Rosas nos transporta, a través de sus fotografías, en blanco y negro, a uno de los sitios que guarda reservadamente recuerdos de nuestra historia y que ha comenzado a sufrir los golpes de la era moderna en su arquitectura.
El escritor y poeta Bill Raiford al hacer un balance de las fotografías de Rosas afirma que "primero vemos lo más familiar: los edificios, la gente, paisajes. Sin embargo, tienen su propia cualidad particular, forma, textura y tal vez sean únicos. ¿Hay otro lugar como el Casco Viejo en Panamá?. Lo dudo. Y ustedes también lo dudarán después de ver las fotografías de Melcina Rosas".
Para él, uno tiene la constante sensación de suavidad y afirma que los valores suavemente matizados de las fotografías parecen cómodos, unos con otros. "Los matices nunca son ásperos o abruptos. Aún cuando revelan superficies completamente diferentes: Las paredes blanqueadas de viejos edificios, el ladrillo crudo de una antigua iglesia, el pavimento de piedra al frente de ambos --casi parecen tener una relación orgánica.
El crítico señala que en las obras de Rosas la suavidad de las nubes aparecen a menudo y no se pierden cuando la mirada cruza a través de la Bahía de Panamá hacia las nuevas cuadras de rascacielos. Estos también parecen encajar, apropiadamente a la distancia, según Raiford, pero están integralmente unidos con nuestra vieja ciudad y su rompeolas.
La suavidad de las obras es subrrayada por el sentido de quietud, de tranquilidad. Desde la perspectiva de Raiford, "estamos en una ciudad, pero hay pocas personas. Estas parecen perfectamente cómodas en sus alrededores; el hombre maduro, aparentemente informal, pero cuidadosamente vestido, que está leyendo el periódico en la gradería de un viejo pórtico"; los muchachos que husmean a través de una puerta enrejada; la joven sentada en el hidrante, captada en el momento de una mirada rápida hacia al lado, inconsciente de todo excepto de sí misma y, sin embargo, atrayente, Ustedes serán atraídos por ella.
La exposición, sigue Raiford, tiene sus elementos clásicos: La pequeña cabina redonda de guardia, con su techo cónico, en la explanada desde la cual se mira la entrada del Canal, fácilmente trae a la mente la percepción de Cezanne del arte como: "el cuadro, el círculo y el ícono". Y la siempre presente atención a la composición es reforzada con la atención al detalle, cuando miramos a través de un espacio muy estrecho, en la misma foto, para ver el Puente de las Américas.
Una y otra vez volvemos a la suavidad, la intemporalidad, al sentido de armonía entre la gente y los edificios, lo orgánico y lo inorgánico, captado en estas tranquilas fotos, dice Raiford, quien culmina con la afirmación de que "esta exposición hay que saborearla".