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El clima no debe controlar los hábitos alimenticios

Durante mis años fuera de Panamá he pasado por todos los cambios de clima imaginables. Mientras vivía en Canadá, experimenté incluso un récord de lluvia, 30 días


Nicole Puello (nicolepuello@gmail.com) / PANAMA AMERICA

Durante mis años fuera de Panamá he pasado por todos los cambios de clima imaginables. Mientras vivía en Canadá, experimenté incluso un récord de lluvia, 30 días durante el mes de enero en los que llovió constantemente, venir de un clima tropical en donde hasta en la época lluviosa impera por lo menos la mitad del día un sol brillante y luego pasar a vivir 30 nublados y húmedos días seguidos no fue nada fácil.

De más está decir que una vez que salió el sol, las personas salieron en masa a disfrutar de la vitamina D que estos rayitos nos proporcionan y yo, por supuesto, no me quedé atrás. Más que nunca aprendí en esa ocasión a valorar las ventajas y maravillas de nuestro clima calientito que tanto añoré en ese momento.

Era tal mi sangre tropical que hasta tuve en cierto punto que comprarme un calentador portátil para mi habitación, ya que mis compañeros de casa preferían mantener la temperatura de la calefacción en grados que para mí representaban casi vivir en el polo norte. Muchas veces me molestaban porque decían que al entrar a mi cuarto se sentían transportados a una playa del Caribe porque lo encontraban calientísimo, hasta este día considero ese calentador como una de las mejores compras que he hecho en mi vida, creo que sin él mis recuerdos y experiencia hubiesen sido muy distintas.

A pesar de esto, mis memorias de ese año en Vancouver son muy lindas, pero me hicieron darme cuenta de la gran influencia que el clima puede tener en el estado de ánimo y, sobre todo, en tus hábitos alimenticios.

Por suerte allá se caminaba mucho para ir a cualquier lugar (a pesar de la lluvia), pero definitivamente esos fríos extremos lograban que lo único que quisieras fuese quedarte bien acurrucado bajo un sinnúmero de mantas y comiendo algo calientito todo el tiempo, (lo que puede ser muy contraproducente para la figura).

Del frío y húmedo Vancouver pasé al soleado y seco Miami, definitivamente que el clima más glorioso que he experimentado. Además de que tuve la suerte de que no me tocó vivir nunca algún Huracán de aquellos que todos conocemos son comunes por el área. Miami siempre está soleado y ese sol definitivamente encaja de maravilla con mi personalidad, cada vez que salía de casa (no exagero) en mi rostro se pintaba una sonrisa y yo respiraba profundo y agradecía por tener la dicha de poder vivir esto diariamente. Y pues así como en Vancouver lo único que quería hacer era comer y quedarme bajo las sábanas, en Miami sucedió todo lo contrario, quería estar fuera todo el tiempo y empecé a hacer ejercicios y a cuidar mucho más lo que comía. Comprobé el efecto que el clima puede tener en nuestros hábitos alimenticios.

Por último estuvo mi experiencia en Qatar, donde las temperaturas son extremas y además el verdor está completamente ausente.

Obviamente, con el tiempo he aprendido que no debemos permitir que el clima controle nuestras decisiones, pero es innegable la influencia que puede tener sobre cómo nos sentimos y sobre todo respecto a lo que comemos, asunto al que debemos prestarle mucha atención. Ahora que ya estoy asentada en mi linda tierra no hay momento en el que no valore todas las maravillas climáticas con las que Diosito ha bendecido a este país.


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916286
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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