El tono de los dientes constituye una característica innata de cada uno de nosotros al igual que lo es el color de nuestra piel ya que básicamente viene condicionado por la genética. Tonalidad que, en cualquier caso, depende del grosor y calidad del esmalte (que es prácticamente transparente) del color y calidad de la dentina de cada diente. Es decir, que el color final de las piezas dentarias es la expresión de la calidad y tonalidad de las estructuras anatómicas que lo constituyen. Dichos elementos están integrados por unas sustancias orgánicas cromóforas que son las que le dan el color natural al diente. Y precisamente esas sustancias son las que permiten el blanqueamiento artificial de los dientes ya que durante el proceso de blanqueamiento los productos químicos empleados por los dentistas atacan los dobles enlaces de los cromóforos y los convierten en moléculas y partículas oxidadas con color menos intenso.
Aunque la naturaleza nos dote de una excepcional y nívea dentadura existe una extensa lista de factores que pueden influir en que ese color inicial se altere. Entre ellos uno inevitable, los años, pero también existen otros que podemos prevenir de forma relativamente sencilla. Por ejemplo, la mala higiene bucal mantenida en el tiempo es una de las causas de la aparición de manchas sobre el esmalte y, por tanto, del oscurecimiento de la dentadura. Cepillarse los dientes tras cada comida y usar seda dental y colutorios ha de convertirse en un hábito si se quiere evitar ese antiestético trastorno. Además deberemos evitar el abuso del café, del tabaco, del chocolate, del vino tinto o de las bebidas gaseosas, sustancias todas ellas que pueden afear nuestros dientes. Por último, sepa que algunos medicamentos por ejemplo los que contienen tetraciclina cuentan entre sus efectos secundarios el oscurecimiento de la dentadura. Téngalo en cuenta si lo está tomando. Sepa asimismo que complejos vitamínicos a base de hierro o colutorios compuestos por clorhexidina pueden hacer que aparezcan manchas en la cara externa de los dientes.
Desde hace ya varios años existen los denominados laboratorios de voz, donde se miden y analizan las características acústicas y aerodinámicas de la voz y de sus trastornos. Estas mediciones pueden cuantificar el grado de lesión de la voz y valorar de forma objetiva y automática la mejoría o el empeoramiento de la voz.
El tratamiento de las disfonías se asienta sobre tres pilares fundamentales: la medicación, la rehabilitación y la cirugía.
Cuando la alteración se prolongue durante más de 15 días o cuando se repita con frecuencia, es necesario acudir al otorrinolaringólogo.
En muchas ocasiones basta con la rehabilitación para resolver una disfonía, corrigiendo los malos hábitos de emisión vocal mediante técnicas de relajación laríngea, de coordinación fonorrespiratoria y de emisión de voz utilizando todos los recursos fonatorios de los pacientes, en especial el aire de los pulmones, que es la base energética para la emisión de voz.