Debido al suceso comercial producciones discográficas como “El bebé de Rosemary” (1968), “El Exorcista” (1973) y “La profecía” (1978), el subgénero de posesiones diabólicas y exorcismos se convirtieron en una carta fundamental del cine indie de horror.
Si bien, estos monstruos estuvieron dormidos durante un tiempo, el éxito de cintas hechas con muy bajo presupuesto como “El proyecto Blair Witch” y “Actividad paranormal”, posibilitaron que se siga exprimiendo a los demonios, aún cuando las ideas y los tratamientos narrativos y estéticos se basen únicamente en la repetición de una fórmula efectista y no al servicio de una manifestación artística o contracultural como fue en un principio.
Las películas de Polanski, Friedkin o Donner distaban de ser únicamente fenómenos de horror, sino que incitaban al público a hacer cuestionamientos ligados a la fe católica, la represión sexual y las máscaras de la sociedad conservadora estadounidense.
Poco quedó de eso hoy, poco queda de horror. Esta secuela del filme, de 2010, está dirigida por el reconocido canadiense Ed Gass-Donnelly y producida nuevamente por Eli Roth, creador de la saga “Hostel”.
Habría que preguntarse dónde quedó lo visceral de esta franquicia porque cuando no hay ideas desde la narración siempre queda un lugar para el morbo, pero en cambio, “El último exorcismo” genera muy poco de suspenso, y prácticamente nada de terror sanguinario.
La historia comienza poco después de donde terminó su predecesora. Nell – Ashley Bell– la adolescente poseída ha sobrevivido y es encontrada en la casa de una matrimonio en las afuera de la localidad de Nueva Orleans, en Estados Unidos. Ahí, es confinada a un hospital psiquiátrico y posteriormente a una casa para jóvenes que poseen problemas psicóticos.
Nell no parece experimentar síntomas de posesión en un principio de esta historia. Se puede decir que conoce a nuevas personas, hace amistades, consigue un trabajo e incluso hasta hay un chico que está enamorado profundamente de ella. Pero, el demonio nunca la ha abandonado del todo, y parece que esta vez está más obsesionado con ella.
Si hay algo que se logra desprender positivamente de esta película es toda la calidez y empatía que genera la talentosa joven protagonista. Ashley Bell es una chica que con su comportamiento virginal y modismos austeros consigue que el espectador tome cariño por ella y, por lo tanto, se adentre un poco más en el verosímil de la propuesta junto a un guion con unos cuantos problemas, los cuales hubiesen generado un miedo aún mayor para el público que es amante del género y de esta terrorífica saga.