Variedades

El Eclipse desnuda, libera al "yo" real

Para el director, Edwin Cedeño, el teatro es una valiosa herramienta o vehículo que permite contribuir a que tengamos una mejor sociedad.


Una viuda matrona, una abuela, una adolescente hiperactiva, un joven que se debate entre la heterosexualidad y la homosexualidad, una campesina añosa (aparentemente ingenua o beata, pero con las hormonas alborotadas) y un capitalino que se moviliza hacia la campiña con la excusa de fotografiar un eclipse, interactúan en un pueblito casi sepultado en el olvido hasta que un eclipse y “el progreso” vienen a romper la rutina y les enfrentan a experiencias nuevas a algunas de las cuales le dan la bienvenida y a otras las vetan.

Acostumbrados a permanecer casi en el anonimato, a pasar a duras penas cada día, los habitantes del pueblito costero de un país que encaja en el perfil de uno latinoamericano, donde se desarrolla la trama de Eclipse, ahora viven presos de la ansiedad y el temor, producto de supersticiones ante los fenómenos naturales que no pueden explicarse. También están en el agua movediza de la duda, resultante de los cambios que se dan ante sus ojos, derivados de la presencia de turistas y caras nuevas; de gente de la capital que en nombre del progreso actúa distinto y se abre paso, arrasando con la naturaleza, alterando el “Status quo”.

Edwin Cedeño describe “El Eclipse”, del mexicano Carlos Olmos, como “una obra de pasiones escondidas y en que esa metáfora del eclipse se da a la inversa y hace que afloren esos temores, esas cosas que sublimamos, que negamos”. Es una obra de doble moral social, en la que sale el yo de cada uno.

 

La obra se ha presentando en México (en los 90 estuvo 2 1/2 años en cartelera) y en Nueva York.

Indira, Mario, Elia, Gerardo y Dominga los esperan en La Quadra para hacerlos reír y reflexionar.


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435551
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América