Disfrutar del Caribe es un sueño encantador. Cada uno lo siente e interpreta a su manera. Algunas islas y costas con su variedad de menús hasta los lugares casi creados para que las parejas disfruten de su luna de miel y otros completamente equipados para que los chicos y chicas disfruten de un eterno verano.
Y aunque el sol salga para todos, algunos lugares son muy caros (carísimos) y otros muy económicos (baratísimos). Las compañías aéreas y los paquetes armados por los grandes mayoristas con pasaje y hoteles incluidos, han contribuido para popularizar un destino que hasta hace pocos años era reservado para los ricos y famosos.
El Caribe, desde el primer viaje de Cristóbal Colón, es una tierra de sueños. Podemos buscar la Fuente de la Juventud que desveló a Juan Ponce de León, quien encontró aguas termales excelentes en Puerto Rico antes de irse a La Florida porque tenía alma de valija. Y también el oro de los conquistadores persiguiendo la suerte en los muchos casinos donde las mujeres son fatales (igual que en cualquier otro lado) y los hombres se sienten James Bond que, dicho sea de paso, nació en Jamaica.
Es un lugar ideal para los que quieren playas con sol, mucho sol, rodeadas de aguas transparentes, para volver a casa con el tostado caribe aún en nuestro pleno invierno, porque por estos lados siempre es verano. El exotismo es su cédula de identidad y se expresa en su fascinante artesanía. Lo mismo que en la música y la cocina que son un delirio para los sentidos, tan afrodisíacas como el calor, la humedad, las frutas y las especias.
Es muy difícil incluir todos los destinos posibles porque hay islas diminutas o inalcanzables para el común. Por eso es permitido elegir los destinos preferidos por los viajeros latinoamericanos. Seguimos las estadísticas del tráfico y también nuestro propio gusto. La popularidad de una isla muchas veces depende de las frecuencias aéreas. Más aviones, más turistas.
Si le gusta comer bien y experimentar platos diferentes va a estar chocho. Los ingredientes son fundamentales, desde el pescado a las frutas. Su gastronomía es un arte que no se limita a los grandes chefs (y precios al tono), sino que se puede disfrutar en las mesas populares.
En los resorts y playas del Caribe puede estar tirado al sol como un lagarto (siempre que no olvide sus pantallas protectoras porque quemarse no es un chiste), pero es un desafío hacer algo más. Y aquí está la gran diferencia que puede poner cada uno.