La bulimia y la anorexia son algunas de las consecuencias generadas por las exigencias estéticas que soportamos día a día hombres y mujeres. Pero estas enfermedades no son como una simple gripe o un dolor de garganta que se cura con unos días de reposo, sino que se definen como males verdaderamente graves, hasta el punto de que llegan a causar la muerte.
No son iguales, pero tienen componentes compartidos: en ambos casos, los enfermos no poseen un conocimiento real de su propio cuerpo y pierden la capacidad de definir el acto de comer, desarrollando lo que conocemos como desórdenes alimentarios.
La anorexia se presenta como un ayuno auto impuesto, en el que se pasan grandes períodos de hambre por temor a subir de peso. La bulimia, en cambio, tiene su característica elemental en una ingestión exagerada de alimentos, seguida de vómitos, uso de laxantes, diuréticos y ayunos.
En este caso, las mujeres somos la mayoría: el 28% sufren desórdenes alimentarios frente a un 10% de varones. Las mujeres formamos un blanco fácil para el mercado de consumo, ya que desde siempre nos sacrificamos para lograr penetrar en los criterios de belleza de cada etapa: así vemos que a principios de siglo el corset (corsé) llegó a deformar las cajas toráxicas de muchas mujeres y algunas murieron de tuberculosis y dificultades en la respiración.
Los parámetros cambian; en los sesenta, el modelo ideal era la modelo "Twiggy", flaca hasta los huesos, literalmente una tabla. Desde ese momento la obsesión comenzó a crecer en forma gradual. Actualmente, no sólo tenemos que ser flacas, sino que también debemos tener curvas, es decir, el cuerpo perfecto.
Pero la culpa no es sólo de la sociedad. Hay quienes poseen ciertos rasgos que condicionan el padecimiento de estos males. Por eso, los especialistas opinan que las personas deben ser tratadas en su totalidad, no importa el entorno social: también se deben considerar los rasgos de la personalidad.
La constante es una tendencia a la adicción. Adicto significa algo que es muy dependiente de otra cosa, pero también significa "sin dicción", o sea, sin palabras. En el caso de los bulímicos y los anoréxicos, existe una gran dificultad para expresarse, por lo que gestionan con la comida lo que deberían gestionar con palabras.
Cada paciente posee un tratamiento específico, pero en cualquiera de los casos la recuperación no es rápida, ni mágica. Más allá de los tratamientos, la clave se encuentra en aprender a ser libres: conocerse y aceptarse tal como somos sin depender de la aceptación de los demás, es un gran primer paso. Aprender a estar cómodas con nosotras mismas y frente al mundo, es el paso final.