A los artistas Donna Conlon y Jonathan Harker se les ocurrió que utilizando fragmentos de mosaicos, hierro, adoquines, paredes de cemento y otros materiales de casas y edificios demolidos en los corregimientos de Calidonia (barrio de La Exposición que nos reprocha desde el pasado junto a El Marañón que huele a fruta podrida) y Bella Vista, así como del área revertida podrían calar en la comunidad donde muchos de cuyos miembros ven indiferentes cómo los rascacielos están cambiando el rostro citadino de la capital de Panamá a un ritmo impresionantemente rápido y muchas veces sin respetar ningún tipo de normas de urbanismo ni ecológicas, confiados todos, porque aún no ha bramado con todos sus pulmones la naturaleza (¿será quizás porque ya casi se asfixia?) ni tampoco el unas veces tranquilo y otras tempestuoso mar se ha sublevado.
Lo que se aprecia en una de las salas del centro cultural Los del Patio, que inauguró con la muestra “(video) juegos” de este par de artistas, es una invitación a mirar objetos, sucesos y personas con otros ojos, según sea el caso.
El asunto es que no te quedes al margen, que aprendas a observar con mirada crítica el mundo, porque como protagonistas de la cultura, no puedes ser un “convidado de piedra”. Es un papel que jamás debe aceptar nadie que se precie de ecuánime, nadie a quien le importe la suerte de todos los que conviven en ese gran escenario de vivencias cotidianas que es la ciudad, donde, si se quiere, es posible que todos crezcan, que haya oportunidades, para que nadie se marchite.
En la exposición de Donna Conlon y Jonathan Harker, que estará en exhibición en Los del Patio, Calle 3era. San Felipe, a un costado del Teatro Nacional, hasta el 19 de febrero,el público puede ver un video donde está pasando un gran barco por el Canal Interoceánico de Panamá, mientras unas manos escriben con rotos adoquines con formas de letras el nombre Panamá.
También los visitantes pueden armar y desarmar la ciudad a su antojo. ¿No lo hacen acaso otros?
Pueden escoger entre estar en la sala de observadores o la de jugadores. Es decir, ser mirones o protagonistas del cambio. Y elegir qué tipo de cambio quieren para esta ciudad que se “construye” y “destruye” sin parámetros.
Es un “juego”, cuyos frutos podrán verse en los respectivos videos. Y en el historial inexorable e irreversible del tiempo.
¿No se ven acaso saldos del “juego” también en la vida cotidiana de la creciente metrópolis y sus residentes? Para Bien y para mal. Para MAL y para bien.
Los visitantes de esta exposición, decíamos, pueden hacer como que juegan el juego de salón llamado damas, con pedacitos de materiales de construcción. Con fichitas improvisadas, como mucho suele ser improvisado en el escenario que es la vida, donde todos son personajes: buenos y malos. Según quien lo (s) juzgue.
Las fichas, como en la vida, hacen pasar buenos y malos ratos. A veces hay que desplazarlas. A veces ganan. A veces pierden. A veces cambian de una posición ventajosa a otra en desventaja. A veces chocan unas con otras. A veces les sobra espacio. A veces les falta. Es la ley de la vida. Es la ley del poder. Es la ley de la física: todo (s) ocupan un espacio. Todo (s) no cabe (n) en el mismo espacio.
Pedazos de historia, fichas, escenarios, caliche...
Caliche, de tanto abundar los nombres raros en este país donde todo pasa y pasa de todo, no sorprendería que aumenten los recién nacido con nombres como éste.
Caliche. Montañas de caliche ha habido y habrá por buen rato en la ciudad. Caliche de escenarios idos donde se jugaron juegos múltiples con reglas válidas e inválidas, justas e injustas: donde hubo ganadores y perdedores.
Nunca nada será igual otra vez. Jamás. Áreas residenciales, donde otrora había espacios verdes y se podía convivir en familia, dan paso a la selva de cemento y a estructuras frías, que se venden a precios exorbitantes.
Ya lo dice el viejo refrán del erudito de otrora, de la anciana Grecia, el filósofo conocido como “El Oscuro”, Heráclito de Efeso “Nada es, todo cambia”. Lo único constante, lo que manda, es el camibo.
En sus sabias palabras de presdigitador:
“Todo fluye, nada permanece.
Todo está cambiando continuamente y no hay en la realidad nada que permanezca igual en dos momentos distintos. Ni en el mundo externo ni en nosotros mismos hay nada que pueda considerarse como permanente; lo único auténtico, verdadera en la realidad es el devenir: Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río; las aguas han pasado, otras hay en el lugar de las primeras y aun nosotros mismos somos ya otros”.