Deja caer un gota
sobre los almanaques
que traigan los veleros.
Después,
atraviesa puertas y ventanas.
El jardín puede florecer.
Realidad.
Un trazo en la arena
que el mar podría borrar.
Abandónalo todo:
La piedra de los alquimistas,
la santa inquisición
y los monasterios.
Abandónalo todo
y recoge la carga
que es la vida.
Ella sola es la razón.
Arrea las velas.
(El viento no es la mar.)
Arrea las velas.
Quizás,
en el fondo más claro del día
podamos navegar.
(de La sola mar, 1989)