Las páginas de los libros de historia ocupan muy pocas líneas para el Grito de Independencia de La Villa de Los Santos. Pero hoy es uno de los principales días patrios del mes de noviembre, donde se celebra el desfile más largo del país con la participación de bandas y delegaciones colegiales de todas partes del país. Esta celebración popular, en la que participa las máximas figuras gubernamentales, es quizás acorde a la espontaneidad que marcó esta atrevida hazaña histórica del pueblo santeño.
El Imperio Español en 1821, se tambaleaba, socabado por las nuevas ideas liberales. Por la decadencia de sus reyes, las derrotas de las guerras napoleónicas y las batallas que sostenía contra las colonias americanas. Era un imperio que se negó a cambiar, tras más de 300 años, por el egoísmo de sus mandatarios, incapaz de superar la falta de industria, la apertura comercial de sus numerosos puertos y que se basaba endeblemente en un sistema de castas en la que los españoles penínsulares eran los primeros sobre sus descendientes criollos y toda una población mestiza que terminaba con los indígenas y negros esclavos.
El 10 de noviembre de 1821, La Villa de Los Santos se adelanta a los planes de los dirigentes del movimiento patriótico de la Ciudad de Panamá, encabezado por el Coronel José de Fábrega, militar panameño oriundo de Veraguas de una familia latifundista y Mariano Arosemena, el principal ejemplo del patricio, comerciante de San Felipe.
Este movimiento es diferente sustentado por un pueblo, a 528 kms de distancia de la zona transístmica, reunido en cabildo, 18 días antes del 28 de noviembre, fecha oficial de independencia de Panamá de España, el acta que sustenta esta acción no tiene caracteres económicos, ni determina la transformación política pero sí manifiesta su desagrado por el rigor de las autoridades españolas y las ansias de ser libre. A Los Santos se unieron poblaciones como Penonomé, Las Tablas y Natá,
Y es que los santeños eran distintos. En el Istmo una región sin caminos de comunicación, solo unida por veleros que practicaban el cabotaje había una oligarquía urbana asentada en las poblaciones de Portobelo y Panamá dedicada al comercio. Una pequeña cantidad de familias blancas monopolizaban los cargos burocráticos, administrativos, políticos, militares y religiosos. También dominaban grandes extensiones de tierra más en Los Santos y en parte de lo que hoy es Herrera y en regiones de más abajo de Azuero se practicaba el minifundio.
Gente mestiza, muy particular, que tenía de blanco y de indio, sembraban con esfuerzo singular pequeñas parcelas de subsistencia. Esta exitosa forma de producción originó una casta de hombres y mujeres independientes, con manifestaciones folklóricas propias, con formas de celebración que derivaron en tonadas acompañadas con rítmicos tambores, en maneras de cocinar el maíz y que adornó las amplias polleras femeninas con primorosos bordados que se conviertieron en el traje nacional panameño.
Los detalles de la gesta santeña se pierden en el tiempo, escapan de los libros de historia más existen muchos relatos orales. Se mencionan nombres como el de Don Segundo Villarreal y una figura femenina, la de Rufina Alfaro, a la que la leyenda da dimensiones heroicas, otros relatos no dejan sus actividades bien libradas, pero ambas versiones destacan su heroísmo.
Historiadores suponen que la gesta deriva, de las doctrinas liberales que de una u otra forma llegaron al Istmo, del conocimiento de las guerras independentistas contra el Imperio Español que se dieron en América desde el 1810, de una figura legendaria como la de Bolívar y de líderes como José María Goitía, prócer de una familia santeña relacionado con una imprenta que produjo el primer periódico de orientación liberal.
La historia se juzga mejor con el paso de los años; y así el Grito de Los Santos sale muy bien librado. Es considerado un acto puro, libre de intereses personales en los que las ansias de un mejor gobierno sin castas discriminantes, con ideas renovadoras llevaron a un grupo de pobladores a buscar un mejor futuro. Fue un gran paso para acrisolar la nación panameña.