El mar no le es ajeno a Laura Baker. Desde su temprana infancia, ha sido compañero de juegos, de tertulias. ¿Monólogos, introspección, navegar del alma?
El mar es parte importante de su entorno en su natal Colombia. El mar, lugar donde se cobijan las ideas, para escapadas del espíritu, para regalar la vista y la piel con la frescura de una buena chapuzada, pero también musa inspiradora. Lo ha sido para la joven pintora en los últimos cinco años. Más que nunca.
"Me gusta mucho la perspectiva y distorsión del color, que se dan cuando uno está mirando bajo el agua y esto me parece interesante para explorar".
Cuadros suyos compiten con los del pintor japonés Kojiro Takakuwa por la atención de los visitantes a Allegro, cuyas paredes engalan. Y los transportan a mundos submarinos de belleza sin igual.
"A Laura y a Kojiro, el agua los atrajo como escenario ideal para su exploración existencial y plástica. A cada uno, en su momento, el tema los sedujo, los buscó como esos pensamientos o sueños recurrentes que no nos abandonan. Dos propuestas estéticas, dos técnicas, dos ventanas que nos asoman a universos tan individuales como sus reflexiones y experiencias. El eje central es el agua, pero sus lenguajes, su paleta y atmósferas son tan diferentes como sus propuestas conceptuales".
El planteamiento anterior, de Mirie Mouynés de La Guardia, nos pinta de manera rápida la forma en que los dos artistas plasman en el lienzo cómo el agua les apela como tema.
Invitamos a admirar la obra fresca y relajante de la veinteañera cartagenera que se ha asentado en Panamá, que como su Colombia tiene el mar como espejo para que el cielo se mire en él. Y de paso, nos cautive a todos, como lo hizo con Laura, y ella lo hace con su pintura de aguas verdeplatas, cristalinas. Aguas y piezas artísticas que son como una catarsis, un manantial para el espíritu.