La espera valió la pena, el concierto del cantante francés, Bernard Lavilliers, fue indiscutiblemente sorprendente, en especial para quienes no habíamos tenido el gusto de escuchar la gran gama de ritmos y mensajes que encierra la letra y música de sus éxitos.
El show abrió con la presentación del grupo Uskaw de la isla de Ustupo; cuyo canto y baile propio de la cultura cuna deleitó a los asistentes. Finalizada esta presentación, el público con aplausos llamaba al artista, que luego de unos minutos se presentó al escenario con una energía y personalidad arrasadora.
"Pigalle La Blanche", fue la canción que abrió el show, interpretada en francés como todos los demás temas, con excepción de "In The Road Again", en inglés, que fue coreada por el público. Esta última fue una de mis favoritas al igual que su éxito basado en su visita al Brasil; donde pudimos percatarnos de lo bien que el francés baila la samba.
No puedo dejar de mencionar los mensajes de sus temas "Nicaragua", que habla sobre su experiencia con un niño que portaba un rifle. "Kingston", relata su etapa de boxeador. Y es que Lavilliers ha hecho de todo un poco en su vida, desde ser un trabajador de la construcción, boxeador hasta periodista; y por supuesto cantante, género que lo ha proyectado internacionalmente y donde parece haber encontrado su destino.
El talento panameño se hizo presente esa noche con el inigualable Osvaldo Ayala quien al ritmo de su acordeón acompañó al cantante francés en el tema "Les Mains d´ Or", dedicada a su padre. La mezcla del acordeón de Ayala con las guitarras de la completa banda francesa y la masculina voz de Lavilliers, fue tan controversial que el público se puso de pie a bailar.
Con su estilo particularmente francés reflejado en unos pantalones de mezclilla ajustados al cuerpo, chamarra de cuero y camiseta negra; Bernard Lavilliers cerró el concierto con broche de oro con el tema "La Salsa" que invadió de alegría el Teatro Balboa.