Esta película tiene unas buenas dosis de secuencias de acción, unos personajes interesantes, una trama con intriga, escenarios exóticos, actores de renombre y nuevas estrellas… pero en la fórmula mágica del éxito no basta con mezclar los ingredientes, además hay que cocinarlos bien. Y aquí es donde se ve el artificio de esta película, su condición de material prefabricado.
Y eso que el argumento tiene su interés: el adoptado Príncipe Dastan (Jake Gyllenhaal) ataca una ciudad donde se venden armas para acometer el imperio, defendida por la princesa Tamina (Gemma Arterton). La mala fortuna hace que Dastan envenene al rey durante la celebración de la victoria, viéndose repudiado y teniendo que cargar con Tamina mientas porta una daga mágica que controla el tiempo. Su tío Nizam (Ben Kingsley) le ayudará a recuperar la confianza del nuevo Rey, atrapando al verdadero asesino de su padre.
Aunque hay que reconocer el esfuerzo de los actores (impresionante la preparación física de Jake Gyllenhaal y nueva muestra de la belleza de Gemma Aterton) como decía, todo sabe a precocinado en esta película, a producción masiva con aspiraciones comerciales, pero sin un ápice de emoción verdadera en sus imágenes.
Sin duda veremos segunda y tercera parte de El Príncipe de Persia, así que no perderé la esperanza de que sus responsables y autores sean capaces de insuflarle algo de vida a las nuevas películas y no se trate de una adaptación más para olvidar.