Esta entrevista adelanta parte de la historia que Griselda Valdés quiere narrar en un libro biográfico que planea escribir cuando ya no tenga que cumplir una jornada laboral, en el cuarto piso donde actualmente se encuentra la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, Ernesto J. Castillero.
En los primeros segundos de conversación, demuestra que ha pasado muchos años entre libros, revistas y periódicos.
El gusto por los libros la hace diferente. Cuando sale en la mañana de su casa en San Isidro, San Miguelito, coloca un libro en su cartera. Cuando sube al autobús, lo abre y empieza un viaje a mundos lejanos, como los que describe Javier Marías, el autor que lee en este momento.
Valdés, quien antes de viajar a la capital fue una funcionaria en una Personería en Coclé, dice que se lee mejor en la mañana que en la tarde, cuando toma el bus de regreso, esto porque el caminar de las personas en el pasillo del bus le causa incomodidad.
Ella está sentada o de pie, en el cuarto piso de la BINAL, detrás de un mostrador, y delante de una sala grande y climatizada. Alrededor suyo tiene ventanas que cuelan el paisaje verde, que nunca tuvo cuando trabajó en la Biblioteca Eusebio A Morales, cerca de la Plaza 5 de Mayo.
En su comunidad los vecinos saben dónde trabaja Griselda, y de eso sacan provecho: preguntan por equis libro, equis tema, o equis trabajo. Algunos temas los encuentra en su casa, donde guarda una hemeroteca personal.
Esta bibliotecaria cree que la tecnología no terminará con el trabajo de sus colegas, eso lo sustenta en que por más que internet se apodere de las personas más jóvenes, siempre hay alguien que lee. "No es lo mismo que uno toque el libro a que uno lo vea en la internet".
Confiesa que sus primeros pasos en la tecnología fueron difíciles, pero acepta que todo tiene que evolucionar. "Uno tiene que evolucionar, como todo".
Comparte las buenas relaciones entre todas las bibliotecarias del país, esto, porque la Fundación Biblioteca Nacional la integra una red de bibliotecas en las provincias, con quienes se encuentran en reuniones.
Los clientes de la Hemeroteca son muchos. Por un lado, un grupo de investigadores; por el otro, los estudiantes que buscan periódicos del día en que nacieron, esto porque algunos colegios privados tienen la política que sus estudiantes conozcan qué hechos ocurrieron el día que nacieron. Los usuarios de estos diarios son unos 20 por día, los que ella registra en una libreta.
Páginas propias.
Aunque no sabe cuándo dejará el cargo de bibliotecaria, Griselda está lista para escribir un libro. Dice que allí escribirá todo lo que ha leído, lo que ha pasado en su pueblo Natá de los Caballeros, sobre cosas que ya no están.
Piensa que le será fácil, aunque desconoce que las técnicas de redacción de una obra literaria es un mundo complejo, y que conlleva una etapa de ensayos que puede tardar años, además de una suma económica para el diagramado y la impresión.
Lo que sí sabe, es que hará un manuscrito, posteriormente "ya verá qué pasa".