En todo matrimonio hay altas y bajas. Hay situaciones que hay que saber manejar para evitar lamentaciones posteriores.
Se supone que cuando la pareja contrae matrimonio es porque está segura de que desea emprender un proyecto de vida en común. Donde compartirá deberes y derechos. En el que nadie va a sacrificar su desarrollo individual pleno, sino va a complementar al otro.
Él y ella crecerán juntos. Esa es la idea.
A mucho se aspira. Que se pueda llegar a concretarlo depende del esfuerzo conjunto. Si uno rema para adelante y el otro para atrás, no nos llamemos a engaño, el matrimonio se va a ir a pique.
Todos quieren que la relación sea duradera. Entonces, a trabajar en esa dirección.
Hay una serie de aspectos que no deben pasarse por alto para lograr que los lazos se estrechen. La fidelidad y sinceridad van a la cabeza.
El respeto y la comunicación permanente también abonan en favor de la pareja.
Veamos este asunto de la fidelidad, que tanto ocupa y preocupa al hombre y la mujer de hoy, porque cuando se pierde la confianza en el otro se resquebraja la relación.
Que fulanito, ya cuarentón o canoso, abandonó a su mujer y se fue con una más joven, o que ella fue la que lo traicionó por uno con más dinero es una situación muy común, que se puede ver en programas de televisión y escuchar a familiares o amistades que relatan vivencias.
Trabajar en hacer sólida la relación es asunto de tiempo, empeño y detalles.
Mucho a su favor tiene una mujer que atiende como es debido a su pareja: como hombre, como esposo, como padre de familia, como ser humano. Lo mismo es de esperarse de él.
Se rompió el encanto
Lo que hace que un hombre le sea infiel a una mujer o lo contrario tiene mucho que ver con que la pareja no llene las expectativas.
Cuando pasa esa etapa de "embobamiento" o "encantamiento" y se descubre al "verdadero" otro, entonces a veces no es como se creía. Y, se le acepta o se hacen concesiones para ver si es posible seguir juntos.
Buscar ayuda con alguien experto en asuntos de pareja a veces funciona.
Esforzarse lo más posible por salvar la relación es procedente si hay auténtico amor y valoración del otro.
Veamos cómo se dan las cosas.
Hay parejas donde todo comienza como sigue.
Sucede que el hombre y la mujer trabajan ambos. Casi no tienen tiempo para verse como pareja. Llegan a casa cansados y si tienen niños atenderlos les quita la mayor parte del tiempo restante. Se van a la cama con sus problemas, lo cual afecta su intimidad.
Pudiera ser también que el esposo está tan ocupado atendiendo la oficina que se olvida que su amorosa mujer lo espera en casa para consentirlo y atenderlo como un rey. Ella se cansa, le recrimina, se vuelve amargada y se despreocupa de él. Y de lla. Ya no se arregla, no le provoca tener la casa agradable. Anda regañando a los niños. ¿Quién quiere vivir con alguien así? Él comienza a mirar a otras en la calle, en el trabajo. Que están bonitas, siempre sonrientes, anuentes a tratarlo bien y así, sin darse cuenta, mientras la relación con su pareja se enfría, él va dando cabida, acercamiento, a otras dispuestas a conquistarlo.
Nadie es de nadie. No somos objetos. Nadie puede obligar tampoco a otro a quererlo. Pero, si existe amor, hay espacio para el perdón, para la reconquista, para la comprensión, para la empatía..
¿Por qué dejar que él se vaya con otra o ella con otro? No ceda terreno tan fácilmente.
Una llamada cariñosa (no acosarse todo el día), un beso, un regalito, ir a pasear solos (así haya que pagar para que alguien cuide a los niños por un rato o varios días), preocuparse por lo que el otro desea, ocuparse de verse siempre bien ayuda a mantener vivo el amor, a refrescar el interés, a ser apetecible para la pareja.
Ceder, para poder que no se rompa la armonía es de substancial importancia.
Aprender a aceptar los errores y pedir disculpas con humildad, no como si fuera un concesión , es bien visto.
Procurar nunca irse a la cama disgustados también es aconsejable.
Ser cortés funciona.