Variedades

El reto de la actriz, dar vida a mil y un personajes sobre las tablas


Ganadora del premio Escena como actriz secundaria por la Madre Superiora de “Agnes de Dios”, y por mejor obra con “Divorciadas, Evangélicas y Vegetarianas”, aunque a la hora de elegir entre vegetales y langostinos se incline por el marisco, esta capricorniana, se define como: “Quiero creer que soy una pregunta aún en proceso de respuesta, un espíritu curioso e inconforme siempre en búsqueda, ¿de qué? De mil cosas y de ninguna supongo. Pero cuando las encuentre lo sabré”. En lo que sí está clara es que le gustan ambos, comedia y drama, pero nos confiesa que “mi corazón se inclina por el drama”.

Por cierto, a Enithzabel también pueden decirle “hija de la mujer maravilla”. Sigan leyendo y entenderán por qué.

 

Ey! Lo que más le gusta del teatro es…

E.C.: Creo que cuando uno se despierta por las mañanas debe dar gracias por vivir. Disfrutar la vida es extraordinario, pero si eres actor puedes multiplicar eso por mil. Tenemos la oportunidad de vivir mil vidas en una sola, podemos tener mil caras, protagonizar innumerables historias. Solo con levantarse un telón te transformas, puedes ser bueno, malo, honesto, indecente, puedes amar, odiar, sufrir, reír.

 

Ey! ¿El teatro le genera recursos suficientes para vivir decorosamente o necesita de otra profesión para balancear el presupuesto?

E.C.: “Desafortunadamente vivir del arte es muy difícil, no solo en Panamá, sino en el mundo. Puedo decir sin temor a equivocarme que la mayoría de quienes nos dedicamos al teatro llevamos una doble vida. De día somos profesionales muy serios de cuanta rama te imagines, hay abogados, contadores, publicistas, ejecutivos de ventas, psicólogos, médicos, etc. Ese es el trabajo que paga las cuentas, el que nos permite poder en las noches dedicarnos a lo que realmente nos apasiona. Somos unas especies de Clark Kent, con una doble vida. Es agotador, porque es cuando sales de tu trabajo que empiezan tus labores artísticas. Cuando estoy en temporada mi día empieza a las 6:00 de la mañana, y no termina sino hasta las 11:00 p.m. cuando te quitaste el maquillaje y regresas a tu casa, descansas un par de horas, y al sonar el despertador todo vuelve a empezar.

 

Ey! ¿Qué siente cuando está en el escenario?

E.C.: “Es una mezcla de tantas emociones, es electricidad, adrenalina, algo de nervios. Cuando suena el tercer timbre es como si dieras un paso a otra realidad, un mundo paralelo en el que te conviertes en otra persona. Tener la posibilidad de contar una historia y lograr que el público se identifique contigo, alzar alguna crítica, quizás llevar un mensaje es un privilegio. Si tienes la suerte de que el público ría o llore contigo, que salga de allí esa noche y piense en lo que acaba de ver, y quizás reflexione un poco, si tú logras esa comunión con el público, puedes considerarte afortunado.

 

Ey! ¿Cómo en cuantas obras ha participado?

E.C.: “No sé si puedo recordarlas todas, han sido muchas. He sido una mujer madura de dudosa reputación en Filumena Marturano; una fanática religiosa en Divorciadas, Evangélicas y Vegetarianas; la Madre Superiora en Agnes de Dios; el mismísimo demonio en Fausto; también una aristócrata en El Mercader de Venecia; y la reina de las hadas en Sueños de una noche de Verano; un espíritu extraviado en Fantasma por Error; una ladrona en Melocotón en Almíbar; espía, granjera y enamorada en Los 39 Escalones; una anciana en La Comedia de la Olla , y ¡ay Dios mío, Bella en La Bella y la Bestia , (ya no me acordaba), también una maleante en “En los zapatos ajenos”, ¡ufff! Son tantas obras, La llave en el Desván, Océano Pacífico, Madrugada, todas me han sido grandes experiencias”.

Ey! ¿Quiénes fueron sus mentores?

E.C.: “En 20 años hay tantas personas a las que tengo que agradecer, pero creo que debo empezar por el principio, a la Academia Italiana , que me acogió en su grupo Los Comensales dándome mi primera oportunidad. A mi querido Eugenio Fernández, mi primer director, por su paciencia, por enseñarme a amar y sobre todo a respetar el oficio. De ahí en adelante a todos los productores, directores y compañeros actores que me han permitido mantenerme en el escenario durante todos estos años”.

Ey! ¿Cuál ha sido el personaje más difícil que le ha tocado interpretar?

E.C.: “Ha habido grandes retos en mi carrera, quizás uno de los más fuertes fue Mefistófeles en la obra Fausto. Personificar el demonio te hace cuestionarte como ser humano hasta donde llega tu parte oscura. Mefisto no te obligaba a nada, solo te brindaba las condiciones necesarias para que pecaras, si lo hacías o no era tu decisión, e invariablemente todos aquellos que fueron tentados sucumbieron, eso te hace pensar. Adicionalmente estaba la parte física, me trepaba en andamios, me lanzaba al vacío, (confiando en que mis compañeros, que tenían los ojos vendados, me atraparían), me colgaba de una soga, siempre estaba en unas posiciones muy extrañas. ¡Fue un trabajo arduo, pero no sabes cuánto valió la pena!”

Ey! Personaje/s de la historia universal que le gustaría interpretar...”

E.C.: “Mmmhhhh esto habría que pensarlo mucho, pero bueno aquí van unos nombres… Alexandra Romanov, Lucrecia Borgia, Eva Perón (pero sin No llores por mi Argentina, porque yo de cantar…), la mariposa Minerva Mirabal, Virginia Wolf”.

Ey! Directores teatrales locales con los cuales ha trabajado y cualidades de cada uno que admira.

E.C.: Esta lista puede ser larga: Eugenio Fernández, Edwin Cedeño, Gabriel Pérez Matteo, Dionis Vega, Fernando Navas, Carlos Bromley, Arturo Wong Sagel, Tatiana Salamín, Gustavo Gómez, a todos les admiro su visión, sus estilos tan diferentes, y de todos creo haber aprendido algo, les agradeceré”.

Ey! ¿Qué piensa de Dios?

E.C.: “Creo que hay alguien más allá, para mí se llama Dios, pero tú puedes llamarlo como prefieras, eso no importa. Lo importante para mí es tener la certeza de que hay algo o alguien allí en quien puedo apoyarme, en quien puedo creer, aún cuando no tenga nada tangible que me lo pruebe, yo tengo fe en que Dios no solo existe, sino en que en más de una ocasión me ha echado una mano”.

Ey! ¿Cómo es su hombre ideal?

E.C.: “Yo creo que con los años uno descubre que eso no existe. Los hombres y mujeres ideales son ficciones imaginarias que siempre responden y actúan de acuerdo a lo que necesitamos en ese momento, y eso no es real. Yo valoro al hombre sincero, honrado, trabajador, buen amigo, buen padre, compañero que me apoye y que me acompañe a soñar. Tal vez no será perfecto, como yo tampoco lo soy, pero el esposo que tengo en casa es lo más cercano a ese ‘ideal’ que una pueda encontrar”.

Ey! Cinco cosas que haría para cambiar el mundo, para bien.

E.C.: “Si yo tuviera una varita mágica eliminaría el hambre, la pobreza, la enfermedad y la guerra, claro. Pero si me dejarán hacer algo más con la varita, pediría dos deseos: Primero, instalarle en la oreja a cada ser humano un chip que lo obligue a tratar a sus semejantes, exactamente como quieren que los traten a ellos, (verías qué distinto sería el mundo.) Y segundo, quisiera desaparecer de un solo plumazo a todos los políticos y demagogos del universo. Sí, lo sé, como toda hierba mala, se reproducirían al instante, pero mientras tanto que rico sería disfrutar de ese veranito de San Juan, ¿no?

Ey! ¿En qué otra época le hubiese gustado vivir? ¿Por qué?

E.C.: “Todas la épocas tienen su encanto, si tuviera una máquina del tiempo me encantaría presenciar los revolucionarios 60, darme una vuelta por la corte francesa del Rey Sol, ¡bailar charlestone!, conocer a Shakespeare y a Cervantes; lo confieso, me hubiera gustado conocer a Marilyn Monroe, y por qué no de repente adelantarme unos 30 años y darle una miradita al mundo que a mis hijos les va a tocar vivir.

Ey! Cinco consejos para triunfar.

E.C.: Haz un mapa, decide a dónde quieres ir y luego: esfuerzo, dedicación, determinación, trabajo y paciencia, no todo llega en el momento que lo planeamos, pero si te esfuerzas alcanzarás tu destino, más temprano que tarde.


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709307
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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