Variedades

El suyo, un parto de dolores

En Suiza, España, Austria y Panamá han leído y dialogado con Maritza, quien es profeta en su tierra.


Estereotipos y prejuicios eran como gigantescas murallas que había que derribar. O escalarlas.

Eso hizo la escritora panameña Maritza López-Lasso. Su vida dio un giro de 180 grados.

No se arrepiente. Jamás lo hará. Lo vivido la ha hecho más fuerte.

 

En Panamá, hombres y mujeres no eran mirados y juzgados por igual. La balanza se inclinaba a favor de ellos.

Como dice el refrán, "si por acá llueve, por allá no escampa". En Europa también había desigualdades, estigmatizaciones. Estereotipos. Había que probarles que los latinos saben hacer las cosas bien, tienen talento.

No justificó entonces, y no lo hace ahora, que se menosprecie a la mujer. Tampoco "que se vea a los latinos como si fueran ciudadanos de segunda clase". Esos recuerdos, arrinconados en su mente y corazón, los sacó a colación, durante conversatorio con amantes de las letras, aguiluchos compañeros suyos de aula, escritores y estudiantes, reunidos en la Biblioteca Nacional el sábado pasado.

 

Antes, el 31 de julio había sostenido una interesante tertulia en Penonomé, su tierra natal.

El temor a perder su lengua fue lo que movió a Maritza a incursionar en el mundo literario.

"Lengua y raíces están muy unidas. No podía dejar que mi lengua se me escapara", expresa.

 

Tanto la extraña, tanto le hace falta, que planea a mediano plazo cambiar de país de residencia.

"Quiero vivir en un país de habla hispana. No he decidido si España o uno de Latinoamérica". Hasta podría retornar definitivamente a su Panamá.

Como sentía la necesidad de hacer un espacio en su vida, para ver claramente lo que tenía que contar, hizo un alto. Luego tomó la pluma. Para siempre. Se enamoró de la literatura.

 

Preguntada acerca de cómo nació su primera obra, ella explicó que "sentía que era un volcán a punto de hacer erupción y si no encontraba una chimenea iba a explotar", dijo y añadió que fue un parto difícil.

"Cuando las emociones del pasado salían yo sentía algo como duro. Eran bloques de dolores. Lo que era mi vida. Luego venía una especie de liberación..."

De visita en Panamá, por dos semanas está en San Carlos, en un retiro para revisar y pulir una obra suya, "Contrato de matrimonio de duración determinada", que una agente del sur de España traducirá. Viaja a Ginebra el 21 de agosto. En septiembre lo entregará. Posiblemente se lo publique Alfaguara.

López-Lasso es autora de siete novelas, más de 20 relatos y recientemente del poemario "El corazón conque vivo", que presentó en Panamá en esta visita de un par de meses.

El haber vivido en Europa la hace ver el mundo desde una perspectiva distinta, con una mente más amplia.

Quizás porque siente que el hombre, no importa de dónde sea, sigue pensando que la mujer sigue debiéndole la costilla es que tiene agallas para decir verdades que otros callan.

"Hay cosas que tienen que ser señaladas", dice. No se pone un tapón en la boca para acallar inquietudes, para dejar de denunciar desigualdades. Sus escritos pintan el mundo con sus claroscuros. Lo atribuye a que "el vivir lejos es como una póliza de seguros. Me siento libre de ver las cosas y decirlas cómo las siento y percibo".

Más sobre la autora.
Es políglota: habla francés, italiano, alemán.

Escribe para la revista "Mundo Hispánico", en Ginebra.

Se siente muy identificada con la mujer, no acepta que ella sólo tenga deberes y los derechos sean exclusivos de los hombres.

Para escribir "Bajo el cielo de Toscana", su cuarta novela, se inspiró en una noticia de TV.

Hace un año escribió su primera pieza teatral, que estrenará en Europa. Es sobre racismo y xenofobia, en francés.

En 2003 logró su despertar espiritual. Producto de ello nació su VII novela, inédita, "La Chamana".

Siente que tiene los pies bien plantados. Esa búsqueda interior valió la pena. Se encontró.

Antes era vulnerable a lo que se pudiera decir de ella o su obra. Ahora es fuerte.


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399357
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América