El sonido de violines y las notas del piano se escuchaban bajamente, dando un toque ceremonioso a los escasos metros de un improvisado estudio, casi al aire libre, cubierto por unas hojas de zinc que protegían el lugar, en el que la figura de Mariano Rivera, nuestro bocatoreño, casi un héroe de los yanquis de Nueva York, llenaba la mitad del espacio, mientras una mano joven definía cada trazo del famoso personaje.
La lluvia incesante no parecía obstaculizar el trabajo, a pesar de que las gruesas gotas salpicaban y dejaban huellas oscuras en el cemento que se elevaba a pocos centímetros de la tierra. El sitio era la inspiración junto con la música, una fiel acompañante que al parecer relaja al joven pintor, no mayor de 23 años, que lucía cómodo y dispuesto a impresionar a cuantos se le pusieran al frente.
Conversar fue difícil. Carlos Rampolla es tímido, poco comunicativo, la mejor manera de expresarse parece ser la pintura, sin embargo, más que paisajes, situaciones o acciones, le gusta dejar plasmado en el lienzolos rostros de personalidades de nuestro país.
Anita Villalaz, Martín y Vivian Torrijos, Alberto Motta, Laffit Pincay y la presidenta Mireya Moscoso, son algunos de esos rostros que llenan los marcos de sus pinturas y acuarelas cuya culminación ha tomado de tres a cinco semanas, y cuyo valor oscila entre los tres y cuatro mil balboas. Un tanto costosas, pero que a juicio de su autor lo valen y su trabajo debe ser recompensado.
Lejos de considerarse un pintor comercial, Rampolla es todavía un soñador, que dedica de 5 a 6 horas del día, cuando el tiempo se lo permite, a realizar lo que considera como su "hobby". Una afición, que, él está consciente, no le representará grandes beneficios económicos por la falta de apoyo tanto de las autoridades como de la propia sociedad panameña, que no está acostumbrada a valorar el talento de la tierra y que además posee poco conocimiento en materia de arte.
Los obstáculos parecen no asustarlo y menos desmotivarlo. Se siente seguro de lo que hace y tiene grandes proyecciones para el futuro, una de las más importantes es montar su propia exposición y mostrar sus obras tanto en Panamá como en el extranjero.
El camino está siendo allanado y el reconocimiento de su arte llegará pronto. El trabajo de este joven fue seleccionado entre los 10 mejores que compitieron por dejar su huella en el logo del Centenario de la República.
Al hablar sobre este logro, el orgullo era notable, y aunque cada información la transmitía a cuenta gotas, era evidente que quería mostrar su talento. Quizás ésta fue la punta de lanza para expresarse más abiertamente e ir definiendo su trabajo en el que la realidad se entremezcla con sus propios sueños exteriorizados y hechos realidad, gracias a lo que afirma es un don que Dios le ha dado.
Este joven artista que considera que las personas nacen con talento y que se van perfeccionando con el tiempo, estudió en la Academia de Bellas Artes GANEXA, pero su principal motivación, desde niño, fue su padre, un reconocido actor de nuestro país, quien despertó en él las ganas y el gusto por lo artístico.
Rampolla, de ascendencia italiana, de padres panameños, nació pintando; un arte que no compartieron sus otros tres hermanos, pero que para él significa el principio de una carrera que no piensa abandonar, a pesar de las múltiples sugerencias de que olvide y deje a un lado los pinceles y se dedique a otras actividades más productivas.
Con cierto tono de pesar afirma estar consciente de que necesita trabajar para vivir y así lo ha hecho, ya sea como mesero en un restaurante o como modelo de un comercial de televisión, una faceta en la que parecía no encajar por su personalidad, aunque sí por su físico.
Para el artista las cartas están echadas y la perseverancia es importante y por el momento mantiene vivas sus esperanzas de lograr ser reconocido como artista y tener la oportunidad de continuar en el camino trazado y dejar las huellas de los pinceles en la pintura panameña.