Variedades

El trabajo de ir a trabajar


Todos los días inauguro el amanecer a las 5 de la mañana; me desperezo escuchando noticias hasta las 5:30 a.m. , presto a estar listo para el despegue cotidiano desde donde resido, El Rocío, Las Cumbres, para ir a Pedregal a donde queda la sede de mi lugar de trabajo.
Salir a la Transístmica es el primer encontrón que tengo con el nivel de estrés que habré de soportar en el via crucis para llegar a donde pretendo ir. Nadie da paso..., hay que tirarse..., tan pronto estoy dentro de4 la fila llego hasta la intersección del Super Extra y doblo a la izquierda, introduciéndome en San Miguelito como camino acortador, veredas convertidas en calles que en realidad son vericuetos escoltados por ambos lados de barrancos y volantines, en donde cada peatón es un accidentado en potencia, víctima de las velocidades que agarran los busitos y taxis, convirtiendo las avenidas en una verdadera montaña rusa. Sigo recto pasando dos intersecciones, doblando a mano derecha, pasando por la escuela República de Corea y llegando al puente rojo donde un señor de edad (en nombre al derecho de la vida) vende periódicos constituyendo un pequeño tranque. Salgo, asomo la nariz y afilo la mirada tirándome nuevamente con el temor de caer en medio del fuego cruzado de buses que pasan por allí y que en la curva, se disputan los pasajeros (en nombre al derecho a la vida). Sigo por esa vía hasta llegar a la avenida principal circunvalación a merced de que alguien ejercite conmigo la cortesía y me deje entrar al ruedo de carros que van como cadena, ya unidos. Me encamino a la rotonda no sin antes pasar por la intersección de la calle de los multis, calle E y los carros que bajan de la rotonda y que quieren girar hacia la derecha; taxis por fuera ejercitando el juega vivo ( en nombre al derecho a la vida); los que venimos por la vía principal peleando con la fuerza de gravedad y los frenos, a falta de guardia se le puede dar el nombre de "el centro de la caldera del diablo". Después que sobrevino este paso, esperar detrás del bus que está en la parada contigua, subiendo o bajando un pasajero ( en nombre al derecho a la vida) desemboco en la rotonda del puente elevado y que a esa hora es una verdadera ruleta rusa, pero con la manzana llena de balas. Luego de entrar penosamente en esa vorágine de corriente de carros desemboco en la vía principal de Tocumen, no sin antes encañonarme en el chute de los que están dando vuelta por allí mismo, los que suben desde el supermercado Balboa con la misma intención; llego a la orilla de la vía principal a merced de encontrarme con un cristiano que practique el amor al prójimo y que ceda el paso para encaminarme hacia mi destino final "a todo esto, ningún paco en la avenida amagando orden", ¿ será que se fueron para La Miel?
Sigo pasando por Villa Lucre, llegando hasta HOPSA en donde tengo mi primer encuentro con un uniformado que, después de las 7 a.m. convierte desde allí una vía en dos. Continúo hasta la entrada del Club de Golf en donde encuentro otro retén natural de carros, unos que esperan doblar a la izquierda y buses mal parados a la derecha en el paño lleno de huecos. Huecos que como despedida le dicen adiós a los viajeros.
Prosigo llegando al semáforo de Pedregal que está llenado al McDonald, lo primero que tengo que hacer mientras espero, es amarrar la cara y decirle que ¡no! con el ceño duro a un piedrero que ( en nombre a su derecho de vida) insiste en lavarme el vidrio. Si no le hago caso de inmediato a la luz verde corro el chance de chocar, porque la distancia entre la luz contraria y el recorrido que tienen que hacer los carros, no está bien calculado. Si te tiras de frente, con todo y tu derecho, ellos todavía vienen en camino. La luz verde que para mí en ese momento es el presente, para ellos también lo es, porque es el último recuerdo que traen del semáforo.
Una vez que supero ese obstáculo, cruzo la vía hasta la altura de calle Domingo Díaz, que es la segunda calle después del cruce del 99 y que se introduce a Las Acacias. Allí se han trasladado todas las necesidades transportistas que estaban ubicadas en el supermercado y que se han movido de allí por la construcción del puente elevado. Mi destino final es Cochez No.3.
La primera entrada la encuentro bloqueada por pasajeros, buhoneros, vendedores de chichas, taxis, busitos, piedreros ( y todo eso en nombre del derecho a la vida). Sigo adelante para doblar en la siguiente entrada a la derecha, con el riesgo de que al girar, un bus despegando me choque; o al frenar, un carro por detrás me colisione.
¡HE LLEGADO SANO Y SALVO, ME SIENTO UN HEROE!
Señores, no se puede hacer más calles de un día a otro. Señores, no frenar el crecimiento de la sociedad. Lo que sí se puede, es poner orden al desorden que, como consecuencia trae el crecimiento. Si el problema es presupuesto, cada guardia que dirige el tránsito debe estar acompañado de otro que se dedique a sancionar. Con la cantidad de boletas se pagaría todo esto. No hay que estudiar en Harvard para descifrar esta ecuación. Se hace por otro lado, una campaña educativa con los Clubes Cívicos y el Ministerio de Educación para que el ciudadano in asocie el poder coercitivo de la ley con el pasado dictatorial que tuvimos, sino que entienda que hay que cambiar nuestra conducta de mal, para bien. Se podría nombrar comisionados que reporten las anomalías que ven en las calles. Se podría mandar a hacer calcomanías que digan lo siguiente: "Yo hago fila, ¿ y tú?, ¿acaso eres más vivo? " Los problemas se plantean para resolverlos, no para repetirlos masoquistamente, de esta forma cambiaríamos el trabajo de ir a trabajar por la alegría de ir al trabajo. De esto suceder, estamos defendiendo el genuino y auténtico derecho a la vida.


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66271
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América