CON el característico carisma latino, Andy García entra a la suite 214 del Hotel Avalon de Beverly Hills, con ganas de hablar sobre el exilio familiar de Cuba, los recuerdos de su comienzo en Hollywood, los amigos famosos que encontró en el camino y el ejemplo que de a poco fue imponiendo entre los demás actores hispanos.
Peinándose con la mano derecha, antes de comenzar, pregunta gentilmente si puede fumar, agradeciendo "Ya que me lo permites, te voy a dar todo el tiempo que quieras" y aprovechando un plato como improvisado cenicero, da comienzo a la entrevista espontáneamente.
Dejé de fumar cigarrillos. Ahora sólo fumo habanos.
Este habano es de un exiliado cubano, Arturo Fuense, pero lo hacen en la República Dominicana.
Dejamos Cuba para buscar la libertad.
En aquel entonces, desde el punto de vista económico, todo se había nacionalizado y los cubanos habíamos perdido todo. Ya sea un negocio o cualquier tipo de ahorro, lo que fuese valor monetario había pasado a manos del Estado. Pero la intención fue buscar un lugar libre donde uno pudiera decir lo que quería decir y cumplir también los sueños que teníamos.
Con mi familia dejamos Cuba en 1961. No fue al día siguiente de la revolución. Fidel ya había confiscado y nacionalizado todas las propiedades y también había impuesto una ley llamada Patria Potestad, donde básicamente el Estado se quedaba con los derechos sobre los hijos, una adoctrinación que llamaban "Programa de Educación". Y así perdías los derechos sobre la educación de tus hijos. Fue por eso que mi padre dijo "Es suficiente, nos vamos".
Por mi familia, tengo la responsabilidad de cuidarme más. También tiene que ver con los ejemplos que yo tuve en mi propia familia. Como padre, creo que tenemos la mayor responsabilidad que pueda llegar a existir y desde el momento que la tomamos ya no se trata de nosotros sino de nuestros hijos. Para tomar la responsabilidad con seriedad, hay que comportarse bien. Me encantaría portarme mal, pero no son las cartas que manejo.
Cada persona tiene algún dolor o cierta felicidad, así como también tienen inseguridades o pasiones. Yo siempre trato de aprender de mis películas, con mi propia vida. No me gusta revelar mi propia vida, porque prefiero revelarla con mis interpretaciones.
Para un artista, no es tan fácil la responsabilidad de aceptar el éxito. Especialmente cuando durante mucho tiempo no se reconoció su trabajo, hasta que de pronto, un solo rol resulta funcionar bien y todo cambia. Y de ser alguien que nadie conoce o sufría por conseguir trabajo, de pronto se pone de moda y toda la atención se centra a su alrededor. Eso también da miedo.
En mi caso, yo me siento bendecido por haber podido cumplir mis propios sueños. Y constantemente tengo que seguir creando nuevas metas. Pero entiendo que una vez que se tiene éxito, el trabajo deja de ser desconocido y uno está más expuesto a las críticas.
Es muy halagador pero no es algo que yo considero, porque hubo otros actores de ascendencia hispana que ya habían trabajado en Hollywood y también abrieron muchísimas puertas, como Desi Arnaz, José Ferrer, César Romero, Raúl Julia o Anthony Queen, mucha gente. Me lo han dicho muchas veces pero yo no me considero un pionero, sólo traté de cumplir mis sueños.
En Miami, Andy García se dedicó a jugar basquetball mientras estudiaba en la escuela secundaria y después de contraer mononucleosis, sin poder seguir con el deporte, se inclinó por la actuación, tomando clases en la Universidad Internacional de Florida. Con el nombre completo Andrés Arturo García Menéndez, Andy, nació el 12 de abril de 1956 en La Habana, Cuba. Faltaban tres meses para cumplir tres años, cuando estalló la revolución que en enero de 1959 trajo el comunismo de Fidel Castro a Cuba. Y aunque su padre trabajaba como abogado y era dueño de varios terrenos, tuvo que dejar absolutamente todo, cuando con toda la familia se exiliaron a Estados Unidos.
Yo considero amigos a todos aquellos actores con los que trabajé. Realmente tuve buenas experiencias y no tuve un solo enemigo.
Es que no puedo reducir la amistad a sólo tres personas. Es imposible para mí, porque tengo muchísimos amigos, sería injusto nombrar solamente tres.
Me crié en Miami y supongo que habrán querido decir que allá me siento como en mi casa. No sé quién lo habrá dicho pero no creo que puedan compararme en una misma frase con el Papa (riéndose).
Pintar no pinto, hago garabatos. Aprendí un poco para filmar la vida de Modigliani, pero no puedo decir que pinto. A mi me gusta el piano y toco todos los días. Es algo muy privado, donde me pierdo.
La historia se desarrolla en Cuba en tiempos de la revolución, pero no es mi historia. Hay puntos personales como para todos los cubanos que vivieron en ese período.
Seguro. Pero también estoy orgulloso de este filme. Si supiera que no va a funcionar, ya me hubiese preocupado.
Elegante informalidad
Sus experiencias, algunas alegres y otras muy tristes, han moldeado la personalidad tan madura de Andy García. Su modestia no le deja demostrar públicamente su orgullo por haberle abierto las puertas a otros actores latinos.