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Elpidio Mendoza un joven pintor chitreano


Elpidio Mendoza, un joven pintor chitreano de futuro promisorio, pasa inadvertido entre muchos de sus connacionales, pero su obra está siendo altamente apreciada fuera de sus fronteras.
Desde Miami, Estados Unidos, nos ha llegado una crítica de arte escrita por Don Alberto Tejera, de origen cubano, quien pondera ejemplarmente, y conveniente precisión, una de las últimas obras artísticas del pintor panameño.
La nota periodística mencionada describe los efectos artísticos y sentimentales que causa una fotografía hecha en Cuba, hace algún tiempo, en la que aparece Don Paulino Urbieta, residente en Ciego de Avila, en compañía de dos de sus vecinos y amigos, asiduos concurrentes todos al Parque José Martí, de esa histórica como atractiva ciudad, cercana a La Habana.
En Chitré, la destreza artística de Elpidio Mendoza lo lleva a crear una pintura al óleo basada en la citada foto, en la que aparecen junto a Paulino Urbieta, dos entrañables amigos suyos que ya no se encuentran en Cuba, en vez de aquellos parroquianos cubanos, a quienes suplanta ingeniosamente el pincel de Mendoza.
En efecto, el comentado cuadro, apreciado hoy en toda su dimensión por distintos círculos de cubanos residentes en Miami, registra al mismo Don Paulino, en el centro, como aparece en la fotografía, teniendo a sus extremos, de un lado a Guillermo Urbieta, con residencia en esa ciudad del Sur de Florida y del otro lado, a Tony Martínez Miralles, residente en Panamá, quien labora en el Ingenio Santa Rosa, en la Provincia de Coclé, apareciendo los tres tan natural, como si fuera una pintura réplica de la comentada fotografía, en lo que pudiera ser, también, un anhelado y reciente reencuentro de viejos amigos.
Pero, veámos los detalles de este reencuentro artístico logrado por Mendoza y atinadamente relatados por Don Alberto Tejera:
Hace aproximadamente un año, Tony Martínez-Miralles me contaba con gran regocijo, como el pintor panameño, Elpidio, había logrado un cuadro excelente, tomando como modelo una fotografía en la que se encuentra nuestro común amigo Paulino Urbieta, sentado en uno de los bancos del parque José Martí de Ciego de Avila. El pintor situó a Tony y a Guille Urbieta a cada lado de Paulino, reuniendo en su obra a Tony (en Panamá), a Guille (en Miami), y al amigo ausente (en Cuba).
La suerte quiso que me reuniera con Tony y Guille por unas horas durante las cuales repasamos hechos y experiencias vividas en el Terruño, derivando la plática hacia el querido amigo, todavía allá, siempre recordado y especialmente admirado. Inteligente, culto, locuaz, simpático y genial, tanto para destacar verdaderos valores, como para ridiculizar a figurones de turno. Comenzamos a narrar distintos anécdotas de él, una tras otra y durante tres horas nos dedicamos al placer de recordarlo. Reímos y disfrutamos como si hubiéramos movido hacia atrás medio siglo de nuestras vidas. Y es que allí, en ese momento, estaba él con nosotros.
"Quisiera ver ese cuadro", dije, prometiéndome ellos que así sería y partimos hacia la acogedora residencia de Guille, quien nos llevó directamente hasta su oficina. Allí estaba el cuadro. Lo contemplé por varios minutos en silencio, como se aprecian las obras de arte. Lo miré de cerca primero, después más distante y luego, de distintos ángulos. No pude articular palabra alguna, sólo pedí ver la fotografía original para comprobar lo que estaba observando. Efectivamente, está igual. El logro del artista es perfecto. Elpidio captó cabalmente su personalidad. "Es Paulino", afirma Guille, ante mi silencio, comprendiendo que hay en mí una confusión de pensamientos.
Prosigo revisando el cuadro cuidadosamente y veo, con placer, que el pintor también ha recogido magistralmente el paisaje general; una espesa sombra es producida por grandes árboles, que los recuerdo jóvenes. El Centro Asturiano, La Cruz Verde y el edificio del Ayuntamiento, me lucen hermosos. A Guille lo veo fuerte y triunfador, como tantos y tantos compatriotas lo han logrado en el exilio.
Tony parece preocupado, mirando hacia el horizonte como quien quiere descifrar el futuro, cada día más incierto de nuestro país. Me detengo nuevamente en Paulino, y me pregunto, ¿qué me dice?
Esa noche no podía conciliar el sueño, sólo pensaba en el cuadro y, de pronto comprendí que Elpidio, sin saberlo, había plasmado la realidad de lo que es la Cuba de hoy: tristeza, indiferencia y frustración. Sí, es la Cuba herida en lo más profundo de su ser. ºEsa es mi Patria!


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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