Hablemos sin rodeos. El patriarcado debió morir con el milenio. Sabemos que no ocurrió así.
Difícil, no imposible, resulta para los seres humanos cambiar de la noche a la mañana. Tanto peor si se trata de perder terreno, de alterar modos de conducta que de una forma u otra hacían crecer el ego o permitían mantener control. Tal es el caso de los hombres. Pero, seguro que intentarán compartir más los espacios públicos y privados con la mujer.
En este milenio las excusas para marginar a la mujer deben dejarse atrás. Sin embargo, la propia mujer tiene que romper las cadenas de la sumisión, opresión y esclavitud de que ha sido víctima. Especialmente, las mujeres indígenas, las campesinas y aquellas que siguen siendo ultrajadas con el aval de sus gobiernos y connacionales porque avasallarlas es parte de la tradición cultural. Ellas tienen que encontrar más voces que denuncien tales anomalías, que sumarse a quienes dan la cara por ellas para seguir exigiendo en una protesta mundial, que se cumpla más con los compromisos sociales hacia ellas como ciudadanas del mundo.
Ahora, a empezar de nuevo, y con buen pie, un milenio bastante virgen todavía de violaciones a los derechos humanos. A esmerarse en lograr la equiparidad genérica, a buscar lo que nos une y no lo que nos separa. A aprender a ser tolerantes, a aceptar la valía de cada persona por el mero hecho de ser de la especie. A luchar sin claudicar, a propender hacia la apertura mental, la justicia, la libertad, el amor, la paz. A hacer banderas que onden sin fronteras en todo el planeta la solidaridad y el amor.
En una marcha triunfal defendamos la familia y su integridad. Seamos voceros de una sociedad participativa, inclusiva, trabajadora, crítica de sí misma, pero motivadora a la vez. Que ve oportunidades y no problemas al doblar de cada esquina. Que se fundamenta en la comunicación, en el diálogo, en los valores y derechos humanos. Que no necesita de caretas ni códigos secretos para descubrir el tesoro que es cada persona y magnificarla en vez de degradarla.
Con el corazón lleno de esperanzas quienes habitamos este planeta iniciamos el Siglo XXI. En el ayer dejamos el equipaje con las frustraciones y ayes.
Queremos un milenio donde haya cabida para ambos géneros, para una convivencia pacífica, sin que nadie esté supeditado a nadie, en que colaboración, trabajo en equipo, reconocimiento sean los distintivos de una relación triunfal de mujeres, hombres, niños y niñas.