Investigaciones médicas han demostrado que si incluyes fibra en tu dieta diaria, tendrás múltiples beneficios. Te ayudará a:
Moderar el apetito y mejorar la digestión
Equilibrar la función del aparato digestivo, previniendo el estreñimiento y reduciendo el riesgo de sufrir hemorroides.
Eliminar grasas y restos de alimentos que llegan a alojarse en el trayecto digestivo.
Regular la absorción de los azúcares y controlar la obesidad.
Prevenir padecimientos como el síndrome del intestino irritable, cáncer de colon y de mama, enfermedades cardiovasculares, nivel elevado de colesterol, diabetes y cálculos biliares.
Si buscas mejorar tu dieta y hacerla más balanceada, aumenta el consumo de alimentos con fibra como los siguientes:
Frutas, de preferencia con cáscara.
Verduras, sobre todo crudas y verdes (apio, espinaca, lechuga, nopal).
Semillas y leguminosas.
Cereales enteros, como la avena.
Pan de trigo, de centeno y negro.
Desayuna un cereal alto en fibra, acompañado de fruta y lácteo.
Consume salvado de trigo, granola o avena, huevos, ensaladas, sopas, hamburguesas y postres.
Consume panes, pastas y arroz de forma integral.
Lava muy bien las verduras para poder comerlas con cáscara.