Variedades

En busca del Quetzal

El quetzal se distribuye en los bosques nubosos que se encuentran desde México a Panamá. Esto prueba el vínculo natural que aporta la geografía chiricana con el resto del istmo centroamericano.


El bosque nuboso aparece de pronto, detrás de los cultivos agrícolas de Guadalupe en Cerro Punta. Los troncos de las ciguas, ratones y bambitos aparecen por doquier, cubiertos de musgos ocultando el cielo, sólo dejando escurrirse hasta el suelo franjas de luz gracias a la caprichosa distribución de miles de plantas de epífitas que cuelgan de sus ramas. El soto bosque es generoso en especies, decenas de diferentes helechos, hermosas heliconias propias de estas altitudes se aferran a cualquier cosa cubriendo cada espacio.
Carlos Alfaro, propietario de un hotel ubicado dentro del Parque Nacional Volcán Barú, nos dice que este año la floración de estas 3 especies de árboles productoras de aguatillos, frutos de los que se alimentan los quetzales, han tardado en florecer, por lo que ve difícil que podamos ver esta maravillosa ave.
Llegamos y bajamos del vehículo doble tracción que nos permitió recorrer el abrupto camino en sólo 15 minutos. Enseguida aparecen, sin tener casi que buscarlos. En los bosques que rodean la vía, como nubes de colores voladores, dos machos y una hembra nos deslumbran con su presencia, contradiciendo a Carlos.
Los quetzales juguetean en la parte superior del bosque, pero de repente se posan a descansar. Entonces vemos toda su magnificencia, sus hermosos e intensos colores, rojo, verde, blanco, azul, las largas plumas de su cola, con que el macho atrae a las hembras. Entonces comprendemos por qué la cultura Maya los reverenció como una aves sagradas, creando alrededor de sus figuras mitos y leyendas y recreándolos de mil y una formas en manifestaciones artísticas.
El macho mide un promedio de 35 cms pero su cola lo hace alcanzar los 61 cms, es mayor que la hembra En los meses de febrero y marzo se aparean y luego anidan para comienzo de las lluvias. La pareja es solidaria, turnándose en el cuidado de los huevos. Los nidos los construyen en huecos de árboles muertos, protegiéndolos de su enemigo natural el tucancillo esmeralda que los destruye devorándolos.
El quetzal se distribuye en los bosques nubosos que se encuentran desde México a Panamá. Esto prueba el vínculo natural que aporta la geografía chiricana con el resto del istmo centroamericano. Cuando el territorio de Panamá surge de las entrañas del mar producto de terribles actividades volcánicas crea un puente entre el norte y el sur de las Américas.
Nosotros, en busca de esta maravillosa ave, descendemos por los paredones que bajan hasta una quebrada de claras aguas que transcurren entre grande rocas. Los quetzales continúan regalándonos su presencia. Nos acomodamos para fotografiarlos, mi teleobjetivo 100 x 300 mm, nos permite acercarnos, no tanto como quisiéramos, pero entonces pensamos como apoyarnos para una buen tiro. Un árbol caído nos brinda varios soportes y comenzamos a variar aperturas y velocidades para captar la belleza de estas aves.
Alfaro revela que antes, en los años 70 el lugar donde estamos era potreros desforestados y gracias a esfuerzos conservacionistas han permitido al bosque regenerarse, dejando que volvieran los quetzales, junto a cientos de otras especies de aves, entre los que sobresalen distintas clases de alegres y atrevidos colibríes.
El sitio es un vergel a más de 2,000 metros de altura sobre el nivel del mar. Con cabañas que permiten a turistas disfrutarlo dentro de rústicas pero agradables comodidades que no incluyen luz eléctrica. Es considerado uno de los rincones más bellos de las tierras altas chiricanas. Allí se encuentran senderos que llevan a rumorosas cascadas, estanques donde pescar truchas que luego pueden convertirse en su cena.


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86513
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América