La educación y la cultura son piedras angulares sobre las que se debería apoyar el Estado para propiciar el desarrollo de un país, y nadie puede estar al margen porque sólo una cruzada en la que participen los docentes, padres de familia y la sociedad civil en pleno podrá elevar la calidad de ambas.
Así opina Beverly L. Hall, superintendente de las escuelas públicas de Atlanta, en EE.UU., quien en días pasados, invitada por la Embajada de Estados Unidos en Panamá, explicó cómo un equipo de colaboradores coadyuvó para “arreglar” la educación pública en Atlanta.
Por diez años, han estado involucrados los estamentos sociales, dándole un espaldarazo a los docentes y padres de familia para salvar al sistema. Están claros en cuanto a que es clave tener “maestros modelos” para pretender que los alumnos den la talla.
La tecnología de punta y una metodología en la que el estudiante sea protagonista y no mero espectador o repetidor son esenciales.
“Un sistema sin retos, basado en la memoria, sin exigencias de un elevado estándar para los docentes no rendirá frutos”, dijo la experta” y agregó que “es mejor invertir ahora en educación que tener que pagar después el alto precio del crimen, la drogadicción, la delincuencia y la violencia”.