En la época de nuestras abuelas, mientras más rollizo estuviera el bebé o niño era considerado más "hermoso". Hoy sabemos que la obesidad no es sinónimo de salud, más bien, inclina la balanza hacia enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión, etc.
La obesidad infantil es un proceso metabólico en el que se produce una acumulación de grasa excesiva en relación con el promedio normal para su edad, sexo y talla. Ser obeso en la infancia aumenta el riesgo de obesidad en la edad adulta. Estadísticas de otros países señalan que el 75% de los adolescentes obesos serán obesos de adultos.
Además de los problemas físicos que puede padecer un niño obeso, tiene que enfrentar a diario las burlas y comentarios hirientes de sus compañeritos, las "críticas constructivas" de sus familiares y el repudio de la sociedad con sus íconos de perfección y moda. Es por ello que muchos gorditos se aislan y dejan de desarrollar todo el potencial individual que tienen.
La obesidad aparece porque el aporte de energía (ingresa de alimentos) supera al gasto de energía y el excedente se almacena en el organismo como tejido graso.
De acuerdo con la Dra. Enitza George, médico familiar y entrenadora personal certificada del Miramar Spa, son muchas las razones por la que nuestros niños pesan más. En primer lugar, carecen de la actividad física necesaria que queme las calorías que ingieren. En su opinión, algunas escuelas ya no dan educación física como deporte, sino como un tiempo de juegos para los niños.
En Panamá, se están reemplazando los parques públicos por edificios, mermando los lugares de esparcimiento de los pequeños. Asimismo, nuestras autoridades no apoyan las asociaciones y equipos infantiles que desean hacer deporte.
"Nuestra vida es muy rápida, los padres no tienen tiempo de llevar a sus hijos a hacer deporte", indicó George. Puede que los padres tengan los medios económicos y la voluntad de inscribirlos en clases extracurriculares (natación, karate, ballet, etc.), sin embargo, no tienen tiempo para la logística que involucra llevarlos y traerlos de sus actividades. La ingestión de comida rápida y de los alimentos que cocinan las muchachas de servicio, "que los hacen con toda la buena intención, pero con toda la grasa del mundo", propicia la gordura.
En su consulta, la Dra. Enitza George afirma todavía no haber convencido a una familia completa de que consuma leche descremada. No es necesaria ni conveniente la leche entera, ni siquiera para los niños, quienes a partir de los dos años, deberían tomar leche descremada. ¿Qué desayunamos?, se preguntó la especialista. Por falta de tiempo lo más fácil es abrir cajas de cereales llenos de azúcares y colorantes, mezclados, ojalá, con leche descremada.
Una de las formas más efectivas, según la doctora, de que nuestros hijos eviten o combatan la obesidad es inculcándoles un deporte que les garantice actividad física placentera. Su consejo es inscribirlo cada verano en un deporte diferente hasta que encuentre el que más le agrade.
Enseñe a sus hijos a elegir sus alimentos. Siéntense juntos y hablen de calorías, grasas y azúcares para que aprendan sus efectos en el organismo. Oblíguelo a comer vegetales, sino enteros, molidos en la carne o en el arroz. Procure que sus comida sean saludables, variadas y atractivas. Sustituya los postres azucarados por fruta. Finalmente, ponga el ejemplo. No le diga a su hijo que haga deporte, si usted está todo el tiempo frente al televisor.
Si su hijo tiene problemas con la obesidad, no lo recrimine; después de todo quién es el encargado de alimentarlo o darle dinero para chucherías, sí es usted. Consulte a un nutricionista o un médico familiar que le brinde un programa que vaya de acuerdo a las necesidades nutricionales y calóricas de la etapa de desarrollo de su hijo. No se atreva a ponerlo a dieta por sus propios medios, además de peligroso puede ser contraproducente.