Plenos de energía, los caballos de Eduardo Navarro hay que mirarlos y admirarlos.
Con sus trazos fuertes sobre la tela, retrata el arrojo de los caballos, los insinúa y los lanza al trote, a conquistar.
Corceles que enamoran a seguidores del arte de este panameño que fue con su más reciente camada a México. En esa tierra de domadores recibió una acogida que premia su pasión por estos cuadrúpedos cuyos ojos pueden mostrarse tranquilos o con llamaradas de fuego cuando se entroniza en ellos la furia.
Furia salvaje, salpicones de colores, rebeldía, coqueteo al viento...
"Caballos penetrantes, llenos de vida, listos para transmitir el sentimiento de furia..lo que reflejan cada uno de ellos, sólo se puede apreciar la firmeza de cada uno de los brochazos y de la gama de colores que se ofrecen e invitan a viajar por las vías de la emoción", opinó la curadora de Arcaute Arte Contemporáneo, Verónica González.
Con sus briosos equinos, Eduardo Navarro se lanzó al Norte. Llegó y conquistó. El 20 de septiembre, de 11 cuadros de mediano y gran formato-entre 2 y 4 metros-que exhibía en la Galería de José Luis Arcaute, vendió cinco.
Nada mal para ser su debut en un mercado que recién explora con su brío caballar. Máxime que se le había anunciado que se diera por afortunado si lograba vender dos.
"Me fue muy bien", comenta. Iba aterrado, nos confiesa. "México tiene artistas fabulosos. Son muy nacionalistas, compran lo de ellos".
"Si vendía dos cuadros que me sintiera halagadísimo", le habían dicho antes de él ir a México.
Eduardo Navarro refleja en cada obra exhibida hasta el 15 de noviembre en Arcaute Arte Contemporáneo su tenacidad y coraje, opina Verónica, para quien la pintura de Navarro es tan fuerte como su personalidad.
El caballo, dice, "impone fuerza, vitalidad, nobleza y carácter". La suya, "es una pintura que trasciende en el sentir de cual ojo mire".
Él, dijo, llegó a Monterrey "ofreciendo un sinfín de sentires y golpeando de frente, irreverente...".
Cuando describe el arte de Navarro, Verónica González abunda en detalles. Destaca los colores que él usa y la variedad de tamaños de las pinturas.
"De cerca manchas de pintura, de lejos caballos energizantes, dinámicos y eufóricos, caballos imponentes que en cualquier momento dejan el lienzo- átomos y moléculas. Sólo caballos, así se define".
En Monterrey, el pulmón industrial de México, el segundo Estado más importante después del Distrito Federal, los caballos de Eduardo Navarro se abrieron paso. Se trata de un caballo más desplegado, mucho menos definido, más tirada la pintura, mucho más que dibujos. Mucho más sugeridos (con manchas, donde prevalecen los colores oscuros. El negro. El negro sobre el blanco.
Al artista le fascina sugerirlo, que el observador tenga que buscarlo, desdibujado, que el viento les peine la melena... un caballo que tengas que buscarlo entre la tela pesada, en los tapices, pero que no se queda atrapado. Que pareciera querer fugarse para seguir trotando hasta la luna. Caballos de fina estirpe. Que los ha pintado por miles, desde que siendo muy joven tuvo a Califa, Sultán y Chaitán.
Caballos de los que destaca en sus cuadros la fuerza, la nobleza y la libertad. Caballos de cuadros de los que no ha querido desprenderse. Cuadros de caballos que enamoran.