ENERGÍA de principio a fin. Así fue, el reloj marcaba las 11:00 p.m cuando hizo su aparición en el escenario del Figali Convention Center el colombiano Carlos Vives. Con la alegría y sencillez que lo caracteriza y vestido con un jeans, sueters y sandalias, inicio el show.
"Dejame entrar", fue la primera interpretación del artista, solo basto que el público escuchara las primeras letras del tema para que estallara de emoción.
Sin embargo; antes de ello el encargado de calentar los motores fue el cantautor panameño Manuel Escala. Con su ritmo y alegría preparó a la gente para la gran noche que les deparaba.
Parejas, familias, grupos de amigos y compañeros de trabajo, disfrutaron de la gran presentación, todos contagiados por la sorprendente energía con la que se mantuvo Vives hasta el final del concierto. En esta ocasión regresó a nuestro país con unas libritas de más y con el cabello corto, pero sin perder el encanto para compenetrarse con su público.
Los problemas técnicos no se hicieron esperar, hasta el mismo Vives se quejó de ellos. Por lo que ofreció disculpas y comentó que creía que ese tipo de inconvenientes se arreglaban antes de la presentación. Pero el asunto no pasó a más.
Dentro de su repertorio Carlos hizo una mezcla especial de temas, desde los clásicos de la Provincia, pasando por La Tierra del Olvido, hasta finalizar con el Rock de mi tierra.
Los presentes recordaron, se enemoraron y gozaron temas como "Maleta de sueños", "La cachucha bacana", "Fruta fresca, Carito", "Jaime si", Rock de mi tierra, entre otros. Las horas transcurrían y tanto colombianos como panameños pedían más, y fueron complacidos por Vives, quien durante aproximadamente dos horas y medias y sin parar en ningún momento traslado a sus fanáticos a un mundo en el que solo existían dos países con el deseo de pasarla bien.
Ya pasada la media noche la gente estaba cansada, así lo reflejaban sus rostros, sin embargo querían más o por lo menos no podía desperdise sin antes escuchar un tema en especial, "La tierra del olvido", practicamente un himno para aquellos colombianos que salen de su tierra, pero que viven con el deseo de algún día poder regresar. Y como el mismo Carlos es testigo de ello, los complació. Una gran melancolía invadió el lugar en ese momento que hasta algunos panameños se sintieron colombianos, así lo expresaron.
"Para nuestra música no hay fronteras y menos con Panamá", fueron las palabras de Vives, y así quedó desmostrado. La gente salio satisfecha y convencida que no hay nada más que disfrutar de la cultura de su país ya sea en su propia tierra o en una hermana.
Dos años antes de morir, es decir, a sus noventa años, viajó a Colombia, esto demostraba otra pasión más que tuvo por las alturas y los paisajes extranjeros.
Es un adelantado a su época. Cuando describía un personaje, se apoderaba físicamente de éste. Si era un médico, se vestía como tal, igual de mendigo, u otro.
Fue arriesgado con su futuro, pero previsor con el de sus hijos. No quiso que experimentaran la difícil vida de un escritor. La edad nunca fue un obstáculo para crear, vivir y hacer.
Su primer carro lo compró por cien dólares, al tiempo vendió sólo las llantas en ese precio.
Energía y gran sentimiento
La buena música reunió a dos países hermanos que compartieron parte de su cultura y las ganas de pasarla bien.