Lizeyca Villamil, psicoterapeuta, que labora en el Consultorio San Judas Tadeo, y quien formó parte del Servicio de Consejería en situaciones en crisis para Niños y Jóvenes Víctimas de Desastres o Traumas Comunitarios en New Jersey, EU, comparte valiosa información sobre la materia.
Ella enfatiza que el efecto que los desastres tengan en los niños y adolescentes va a depender tanto de los grupos de apoyo como de los recursos psicológicos y sociales que tengan.
Comienzan a orinarse en la cama
Tienen miedo a la oscuridad
Se apegan a los padres de una manera extrema (pudiera querer dormir en la habitación o cama de los padres y al principio, por unos días, hay que dejarlo, hasta que recupere la seguridad en sí mismo).
Cambian patrones del sueño (duermen mucho o sufren de insomnio) y alimentación (pierden el apetito o comen de manera obsesiva y producto de la ansiedad)
Están más activos de lo normal y se muestran nerviosos e inseguros
Pueden estar irritables
Es importante que el niño pueda expresar lo que siente y lo que vivió, ya sea verbalizarlo o a través del juego, dibujos. Hay que ayudarle en ese esfuerzo por tratar de hallarse un sentido a su experiencia. Es importante que los padres lo tranquilicen verbal y físicamente. Le digan que le aman, lo abracen, le expresen que harán todo lo posible para protegerlo, que les importa, que si quiere llorar o hablar del tema que lo haga con libertad.
Hay que tener presente que éste es un paréntesis y se recomienda que el niño vuelva a la actividad normal (rutina) lo más pronto posible.
A esta edad también tienen conductas regresivas, como chuparse el dedo
Se muestran irritables
Lloran mucho
Tienen miedo a perder las figuras paternas o figuras cercanas a ellos
Pueden somatizar sus temores (dolores de cabeza, dolores de estómago, fatiga)
Presentan dificultades en la escuela y se rehúsan a asistir a ésta (por temor a que en casa durante su ausencia se repita la vivencia negativa o les vaya a pasar algo a sus padres, hermanos)
Pueden tornarse agresivos y rebeldes en casa y en la escuela
Se aconseja no presionarlo, pero exhortarlo a verbalizar sus sentimientos a hablar acerca de lo que pasó, a expresar sus dudas.
En la escuela es importante que se reconozca que el niño ha pasado por un evento traumático, por lo cual los maestros deben ser más tolerantes y flexibles.
Pudieran mostrarse más rebeldes de lo normal.
Experimentar cambios en el apetito y sueño
Mostrarse con mucha o muy poca energía
Hacer cosas riesgosas, sin importarle con su seguridad y la de otros
Se recomienda que regresen a su rutina lo antes posible. Y que los adultos sean más tolerantes con respecto a sus expectativas en cuanto a rendimiento académico. También, que el niño pueda ser parte de la restauración de la comunidad y de lo que perdió.
Villamil recalcó que es importante que a los niños se les esté monitoreando la conducta y hay que ser pacientes, pero, si se nota que tiene comportamientos fuera de lo normal por un tiempo muy prolongado (semanas que no duerme o no come, sus dolores físicos van en aumento) o actitudes suicidas, ha de referirse a un profesional de la salud mental.
Heroica: A raíz del evento. Cuando todo el mundo apoya. Abunda el comportamiento altruista con el/la/los afectados.
Luna de miel: Primeras semanas. Todavía se muestra la solidaridad y se habla del tema en la comunidad.
De la desilusión: A partir de los dos meses hasta un año o dos años después: Es cuando la gente se pone resentida porque les han olvidado, sienten que no les importan al gobierno y al resto de la sociedad. Se sienten engañados.
Comience una dieta baja en grasas saturadas, comunes especialmente en la carne de algunos animales, aves y los aceites de palma y coco.
Añada a su dieta alimentos ricos en grasas monodesaturadas como el aceite de oliva, canola y algunos alimentos marinos.
Consuma alimentos que contienen grasas polidesaturadas que se encuentran en plantas y alimentos marinos. El aceite de cártamo (safflower oil) y el de maíz, (corn oil) son ricos en este tipo de grasa.