Como un hoyo negro donde van a parar sus recuerdos, lo que le es familiar y con ello su pasado, casi su vida, es el alzhéimer. Pero André no se percata de ello. Sabe que algo anda mal, pero no atina a saber qué.
Lo que es más, cree que quien anda mal es su hija Anne y que los años le están pasando la factura (a ella).

Ver cómo las piezas no encajan en el rompecabezas, cómo su mundo se ha vuelto jirones y no saber a ciencia cierta lo que es realidad y lo que es una jugarreta de tu mente, es algo cotidiano en la vida del personaje central de "Querido papá", la obra que tiene en cartelera el teatro La Estación en junio, mes en que se honra a los padres en Panamá.
El director de esta puesta en escena, Gabriel Pérez Matteo, explica que "Querido papá" busca sensibilizar a la población sobre un enemigo silencioso que acecha a las personas de la tercera edad y que es implacable: el alzhéimer.

A él no le es ajeno lo que viven André, Anne (Mónica Lauri), Pierre (Ángel Ramos), Laura (Sujey Samudio) y los demás personajes de esta obra. Sabe lo triste que resulta sentirse confundido, donde tiempo y espacio juegan con la mente y la persona no se deja ayudar porque hasta sus seres queridos le pueden resultan extraños por momentos, y eso es muy doloroso para quien cuida a estos enfermos.
Este es el caso del personaje central de esta obra, André, cuyo temperamento es tan inestable como lo son sus recuerdos.
Él es una persona que a simple vista pareciera normal, olvidadiza (a cualquiera se le quedan las llaves del carro dentro o se le extravía el cargador del celular), con sus altibajos en el ánimo... Pero hay que poner cuidado cuando por más que se hurgue en el archivo de la memoria no hay manera de halar los recuerdos, se es un cascarrabias sin razón y se desconfía hasta de la sombra.
En "Querido papá", que se está presentando hasta el 12 de julio de martes a sábado a las 8:00 p.m., y los domingos a las 7:00 p.m., también actúan Meche Ochoa (mujer) y Mike Pérez (hombre).
Más detalles
Es una farsa trágica. El padre, de Florian Zeller, muestra el alzhéimer desde el punto de vista de quien lo sufre... el espectador llega a sentir la misma confusión que André, el protagonista, ante escenas que se repiten, identidades que se duplican o se desintegran”.