Si su niño/a es de los/las que quiere manipularla con pataletas y berrinches, he aquí unos consejitos para calmarlo/a y que no se salga con la suya.
Especialmente niños/as pre escolares suelen valerse de esas conductas para llamar la atención y hacer lo que se les antoja. Ellos/as saben que son débiles físicamente y carecen del poder derivado de la autoridad y la edad, pero, son muy observadores/as y si conocen el lado flaco de los adultos, quizás las emociones, o el deseo de sobreprotección que caracteriza a muchas mamás, tomarán ventaja de ello.
Varias son las artimañas que usan esos/as astutos/as pequeñuelos/as. Algunos/as se ponen rojos/as de tanto llorar y gritar, que pareciera que la cara les fuera a explotar; están los/las que se revuelcan en el suelo, los/as que gritan como si los/as estuvieran matando. Y, qué decir de los/as que se provocan vómito o dejan de respirar. Y las madres, asustadas o con tal de evitar un espectáculo en un lugar público, ceden.
Es importante no permitir que el/la niño/a la controle. Si tiene éxito una vez sabrá que funciona y le será más difícil evitar que quiera seguir el juego de la manipulación.
Si está en casa, cuando el/la niño/a hace muchas pataletas y berrinches una manera de controlarlo/a es designar algún área (esquina, cuarto, silla), donde lo para o lo sienta hasta que se le pase, explica la psicoterapeuta Heidi López.
Se le dice: "cuando te sientas bravo te vas a ir allí y te vas a quedar allí hasta que te tranquilices".
Si las pataletas son muy frecuentes también funciona mucho ignorar esa conducta negativa y reforzar la positiva. Cuando no las hace, ¡qué bien!, se le felicita y premia con palabras y algo que le guste. Notará la diferencia.
Igualmente, se le puede poner un tiempo aislado, fuera del grupo, para que comprenda que si actúa de manera inapropiada no conseguirá su objetivo, porque no se trata de que el que más llora o grita es el que tiene la razón. La vida se encargará de demostrárselo y no necesariamente de manera agradable. Sepárelo del grupo por un tiempo determinado: si tiene 2 años, 2 minutos, si son tres entonces 3 minutos y así, según la edad aumenta el tiempo fuera.
López enfatiza que: "es importante que las reglas de la casa sean claras y directas y que el niño sepa desde el principio las consecuencias de pasarlas por alto. Y que se cumplan".
Recalcó la psicoterapeuta que es necesario que padre y madre trabajen en equipo: "Ambos deben estar de acuerdo en la disciplina de los hijos. Ninguno debe desautorizar al otro en frente del niño".
Si el niño ve que le funciona montar un espectáculo, usará esa estrategia cada vez que le plazca para alcanzar sus objetivos y crecerá pensando que manipular es válido en todos los escenarios de la vida. A la larga, puede pagar las consecuencias de esta errónea concepción, producto de que no se le enseñó desde temprano que la manipulación es una demostración de irrespeto hacia las demás personas, porque se les trata como objetos, no como seres pensantes y que tienen derecho a discrepar, objetar y pedir respeto para sí y las reglas sociales.