Variedades

Era como un campo minado, ninguno podía trastabillar


Más que nunca, estamos en tiempos en los que todo el que puede aprovecha para “pescar en río revuelto” y el “boom” en el ámbito de la construcción es terreno fértil para tratar de pescar incautos.

Luego de ver la comedia “Baldosas”, que está en cartelera en el Teatro La Quadra, dirigida por Arturo “Tuto” Wong Sagel, coincidirán conmigo en que lo que sucede allí le cae como anillo al dedo el viejo adagio que dice: “ladrón que roba a ladrón tiene mil años de perdón”.

 

Con muchos bienes raíces no se puede correr el riesgo de confiarse ni de actuar a ciegas. Mucho menos de distraerse un segundo; tampoco de mirar a la ligera los contratos, porque los agentes de ventas saben mucha letra menuda y suelen “meter liebre por conejo”.

Aunque el suyo no es propiamente lo que se diría un asalto a mano armada, casi siempre salen ganando.

 

Juegan las cartas de tal manera, que el comprador pocas veces se percata de sus artimañas, de que aunque parezcan buena gente, que actúan de buena fe, siempre han tenido el as en las manos. ¡Juegan a ganar!

En Panamá y cualquier otra parte del mundo abundan los testimonios sobre el infierno que muchas inmobiliarias hacen pasar a más de cuatro, quienes, desesperados e ilusionados, como la pareja de “Baldosas”, que navega casi sin brújula en este mar de tiburones, se aferran a cualquier aparente oportunidad o ganga, como un náufrago se agarra a un viejo madero que flota en alta mar.

 

Esos vendedores de bienes raíces, que en estos tiempos crecen como las malas hierbas, como el interpretado magistralmente por Gabriel Pérez Matteo, se las saben todas.

Tienen una paciencia a prueba de todo. Son insistentes como un niño que exige que se le cumpla una promesa.

 

Tienen un abc, una especie de manual o guía para las ventas y unas tácticas de persuasión y cierre que dominan al dedillo. Ellos, como la serpiente a Eva, lo van enredando en una telaraña con palabras melosas.

No solo son expertos en robarles el tiempo, también la calma, y, al final, se darán cuenta de que hasta las ideas. Así que, no hagan saber a otros. lo que piensan. A menos que sea a alguien de probada honestidad.

Aunque, en el caso al que nos referimos, el de la empresa Apartamentos Claroscuro, cuyo proceder es más oscuro que claro, parece ser que “le salió el tiro por la culata”. Digo parece ser, porque, las apariencias engañan y como suele suceder en la vida, “el que ríe de último, ríe mejor”.


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729809
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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