La extensa planicie se abría al paso del tren que nos conducía hacia el centro de la tierra germana. Poblados de mucha antigüedad, ciudades y rasgos recientes del progreso arquitectónico, evidencian la Unificación de Alemania, en esta parte de Europa Central. Llegamos a una estación, desde la cual divisamos la urbe. Erfurt, la capital del Estado de Turingia, entremezcla el Medioevo y la modernidad del mundo contemporáneo.
En el transcurso de nuestro recorrido por Alemania, pudimos visitar este sitio histórico, en donde se evidencia un inusitado interés por proteger los monumentos medievales, se busca también guardar las tradiciones y se mantiene la armonía entre los grupos religiosos. Esa vez que llegué a dicha ciudad, me impactó de sobremanera, el hecho de que las comunidades cristianas de Turingia celebrasen una fiesta navideña, en la denominada "Dom Platz" (plaza de las iglesias). Me señalaron que este mes de diciembre, una gran feria se apodera del centro de la urbe, mientras que Santa Claus, sus duendes y demás ayudantes, regalan juguetes a los niños visitantes. La nieve hace espectacular el ambiente de Erfurt, hasta el punto de convertirlo en mágico.
Previamente a la Navidad, las Iglesias Católicas y Evangélicas de Erfurt celebran una misa conjunta en la Dom Platz. Como ejemplos clásicos de la búsqueda del hombre por alcanzar la indulgencia divina, además de la gloria, en una pequeña colina (Domberg) se elevan dos enormes catedrales, las cuales datan de la Edad Media. La Catedral de Santa María (Mariendom), originalmente construida como capilla en el año 752 de la Era Cristiana, posee trece ventanales de 54 pies de alto, colocados en el Siglo XIV, candelabros puestos en el año 1160 y una campana, llamada "gloriosa".
Aquel domingo de junio, cuando visitamos la ciudad, escalamos la Domberg. Los campanarios de la Catedral Mariana sonaban, anunciando la misa en este monumento viviente. Dentro de ella, los feligreses rezaban la misa vespertina, mientras el párroco leía la Sagrada Escritura. No se necesitan autoparlantes para escuchar al sacerdote católico, puesto que la estructura permite la resonancia del eco, como si fuera la voz de Dios.
Detrás de la Mariendom, un pequeño patio lleva a una escultura de la Virgen, con el Niño Jesús. Está rodeada de jardín. Al otro lado de la Iglesia Católica, a no menos de 10 metros, se levanta la Catedral de San Severo, que fue construida como convento, en 1280. Cinco naves de igual tamaño, con quince metros de altura en el frente, se suman a los restos y sarcófagos de San Severo, obispo de Ravena.
La ciudad de Eufurt es toda una gama de sorpresas. Pequeños riachuelos, como el Breistrom, pasan debajo de puentes y patios de las casas. Uno de esos lugares es el Krämerbrüke. NO tan lejos de Erfurt, esta la Ciudadela de Petesberg, un monumento estilo Barroco que representa la majestuosidad de la arquitectura defensiva el período de los siglos XVII y XIX. De una vez recordé las fortalezas españolas que construyeron los ibéricos en Panamá, como Portobelo, que insólitamente, vienen casi de la misma época. Por desgracia, en Alemania existen dos elementos que permitieron proteger y restaurar el fortín: respecto a los monumentos históricos y un presupuesto millonario. Algo que no tiene mi país.
En Erfurt, prevalecen los negocios pequeños, prosperan delante de las avenidas peatonales como las Anger y Markt Strasse. Tranvías modernos y un amplio sistema de autobuses, transitan por la misma peatonal, sin afectar a los habitantes. La Fischmarkt, delante del Ayuntamiento de Bürgerber, concentra todo el comercio de la ciudad. Algo que admiro, puesto que Erfurt no tuvo siempre días buenos. Los hubo también aciagos. La Guerra Mundial destruyó parte de la urbe, el régimen comunista no preservó todos los edificios y monumentos, mientras que hoy, sus habitantes buscan salvar los problemas de la integración con el occidente alemán, debido a que el desempleo es fuerte en la región.
Las fiestas de Erfurt son tan famosas, que incluso atraen a ilustres personajes europeos. Martín Lutero pasó cierto tiempo en ella. En 1808, la ciudad celebró los triunfos del Emperador francés, Napoleón I, Goethe también se hospedó en la hoy capital de Turingia. Es que, en realidad, Erfurt es un sitio hermoso y maravilloso. Nunca se le puede olvidar a sus visitantes sus atardeceres, a eso de las 10 de la noche (hora de verano), detrás de las catedrales. La quietud se apodera de sus calles. Imagen imborrable de una extraordinaria visita a la tierra germana.