Escribir a Dios y enviar la carta a Jerusalén se ha convertido en una curiosa costumbre que ya no sorprende a los empleados del Correos israelí, que no teniendo una dirección exacta depositan los sobres en el Muro de las Lamentaciones.
Miles son los creyentes en todo el mundo que cada año, en las fiestas judías, en las cristianas, envían sus peticiones al Todopoderoso, con la esperanza de que, desde aquí, su voz se oiga más alto. "A Dios", "A Jesús de Nazaret", son algunos de los destinatarios que aparecen en las cientos de cartas que se acumulan en la Oficina de Correos de Jerusalén, donde Dios, curiosamente, tiene dos casillas de correo, una en hebreo y otra en inglés.