Variedades

Espejo de la realidad regional

Usa la hipérbole, analogía y otras figuras literarias que complementan el lenguaje oral.


Rosalina Orocú Mojica (rosalina.orocu@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Con tal de conseguir un voto, los políticos recurren a todo tipo de mentiras y argucias. Prometen el cielo y la tierra y cuando están en el poder “si te conozco no me acuerdo”.

Tanto han abusado, que cada vez son menos los que les creen y en el lugar más inesperado, quienes menos pensarían les echan en cara su falta de seriedad e irrespeto hacia los electores.

Pero esto no les hace mella, se hacen los de la vista gorda y siguen adelante con sus embustes y acciones mezquinas con tal de mantenerse en el poder.

Lo que sí les puede hacer que dobleguen un poco el lomo es ver la miseria cara a cara, como le pasó en la comedia “El palacio de los gallinazos” al presidente José Hurtado.

En esta puesta en escena de Producciones Anai, una mujer pobre, sin estudios, y su familia, le hicieron “cruzar el Niágara en bicicleta”, porque, para alguien acostumbrado a hacer gala de su cargo, a dar órdenes que nadie osa desobedecer y disfrutar toda clase de privilegios, el tener que recibir órdenes de una adolescente embarazada y el verse obligado a hacer sus necesidades en una letrina porque así es la vida en las comunidades marginadas del país, es como una cachetada al olfato y a la vista. Peor aún, a su orgullo.

Abundan escenas donde el presidente queda boquiabierto y como si se le hubiera quitado una venda de los ojos. Está ajeno a la realidad de su pueblo, vive divorciado de este y le resulta difícil sentirse identificado con él, como sale a relucir en la narrativa del borrachito (interpretado por Kendall McKella), quien entre trago y trago no pierde oportunidad de dejar en evidencia la corrupción de los políticos.

 

¿Quieren saber cómo quedó en esa encrucijada el citado presidente? Ocurrió que no era muy querido y alguien quería borrarlo del mundo, por lo que sus allegados, para salvarle el pellejo, recurrieron a esconderlo en la casa de una familia campesina de escasos recursos, donde se hace pasar por un tío que hace años no veían. Allí aprendió cómo es el día a día de la gente pobre, que a veces se va a la cama con hambre, donde la madre no puede pegar un ojo en toda la noche pensando qué le va a dar de desayuno a sus hijos y se tiene que levantar cada hora para ver si por fin llegó el agua, si es que tiene el servicio de agua potable, o en el peor de los casos, tiene que ir a buscarla a un pozo que queda bastante lejos.

Esto sin olvidar que tampoco pueden cantar victoria respecto de otros servicios como el transporte, que es un dolor de cabeza, porque, si no se movilizan a pie, han de hacerlo a caballo, en canoas o si viven en la periferia citadina, en los ‘benditos’ metrobuses.

Así fue que él se convenció de que no es lo mismo ver los toros desde la barrera que sentir en carne propia el hambre, marginación y toda clase de penurias que son comunes en los hogares donde se vive un día a la vez, a la buena de Dios.


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886334
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América