Después de preparar durante meses cómo recibir a lo grande al nuevo milenio, los estadounidenses, en su mayoría, festejarán la llegada del año en casa por temor, en parte, al desconocido efecto 2000.
Tanta publicidad negativa sobre lo que puede ocurrir en la madrugada del primero de enero ha metido a la gente tal miedo en el cuerpo de, lo que iban a ser llenos totales y hoteles copados con un año de anticipación, se ha convertido en un saldo.
Al no cumplirse las expectativas, los responsables de las reservas de los grandes hoteles del país se han visto obligados a reducir sensiblemente los iniciales precios exagerados de las habitaciones y los servicios para el último fin de semana del siglo.
Esperaban llenos hasta la bandera pero, según datos facilitados a mitad del mes de diciembre, los hoteles de los destinos más típicos para estas fechas en el país se encuentran al 80 por ciento de su capacidad, es decir, un cinco por ciento por debajo de la tradicional ocupación en un fin de año común.
Y es que la gente, que en un principio soñó con destinos exclusivos, románticos y de ensueño para el cambio del milenio, parece haber echado cuentas y, al final, han decidido que, de tirar la casa por la ventana y encima con la espada de Damocles del efecto 2000, nada de nada.
Aún así, los que decidan sumarse a las celebraciones más exquisitas, están a tiempo.Si se lanzan al Pierre, en Nueva York, la broma cuesta 29.000 dólares, que incluyen cinco noches y los festejos, precio que dada la ciudad y el hotel aún parece barato si se compara con otros lugares como el Westin Peachtree de Atlanta.
Los de la ciudad olímpica de Georgia ofrecen un paquete de fin de semana largo en el que, por 19.999 dólares organizan una supercelebración y encima, regalan entradas para la final del campeonato del fútbol americano, un deporte que aquí levanta pasiones y cuya temporada no termina hasta el 30 de enero.
Donde sí habrá buen ambiente es en el César Palace de Las Vegas, un lugar en el que el festejo será probablemente menos refinado pero donde las tres noches cuestan 1.140 dólares.
Los que se lancen a Las Vegas, uno de los destinos más habituales durante las últimas nocheviejas, podrán además ver a Barbra Streisand, que tiene anunciado el "Concierto del Milenio" en el auditorio del hotel MGM Grand de la ciudad de las tragaperras.
Bueno, eso si consiguen alguna entrada en la reventa ya que las de Barbra son prácticamente las únicas localidades que se han vendido como rosquillas en Estados Unidos.
No han tenido tanta suerte otros artistas como Linda Ronstadt, que todavía no ha llenado el local de Los Angeles en el que piensa pasar el fin de año.Claro que, para hacerlo, probablemente tenga que rebajar el precio inicial de 1.000 dólares por localidad.
Más barato, pero también más masivo, va a ser el gran festival que la capital de EEUU celebrará en el Mall, frente a la Casa Blanca, para dar la bienvenida al nuevo año, siglo, milenio o lo que quiera que el 2000 sea.
Aseguran diversión -y caos- y la presencia del presidente Bill Clinton y su esposa, Hillary, que este año, por razones del guión del milenio, no acudirán al "fin de año del Renacimiento" que tradicionalmente celebraban en Hilton Head, un exclusivo complejo golfístico de Carolina del Sur en el que se reunían con "notables" de diferentes áreas del saber para discutir sobre lo infinito.
En esta ocasión, los Clinton cambiarán a sus inteligentes compañeros de fin de año por unas cuantas docenas de "ricos y famosos", que han sido cuidadosamente escogidos para recibir el año nuevo en la Casa Blanca.
Los Clinton quieren llevar luego a los famosos al monumento a Lincoln en el Mall, para compartir con todos los estadounidenses la llegada del nuevo milenio.
Y ahí es donde pueden morir de frío vestidos de sedas, tules y gasas...Y ahí estarán Elizabeth Taylor, Robert de Niro, Jack Nicholson, Mohamed Ali y otros muchos dispuestos, si es necesario, a ponerse calzoncillos largos y térmicos con tal de brindar por el nuevo año con el hombre más poderoso del mundo.
En Nueva York, miles y miles de estadounidenses llegados de todos los puntos del país -y del planeta- esperarán en Times Square que "caiga" el nuevo año.Y entonces, cruzarán los dedos para alejar malos augurios y regarán con champán la gran Manzana.