Si esta frase es muy común en las conversaciones de su hijo o hija, puede que esté padeciendo de fatiga infantil. Los síntomas más comunes pueden ser que le cuesta trabajo despertar por las mañanas, se queda dormido media tarde o media mañana, sus ojos se ven opacos y su expresión triste, se queja de dolores en diferentes sitios del cuerpo, se muestra menos activo, demuestra poco interés en actividades que antes le fascinaban, sus calificaciones bajan y no quieren ir a la escuela, come lentamente y muy poco y muestran inquietud a la hora de acostarse porque le cuesta trabajo conciliar el sueño.
La especialista Luz Trejo señala que la fatiga infantil puede tener diferentes causas, por ello se la debe identificar para aplicar el tratamiento adecuado. Las enfermedades, la desnutrición, el exceso de actividades, el aburrimiento y la depresión son los responsables del cansancio en nuestros pequeños.
Los niños que comen mal debido a malos hábitos alimenticios pueden padecer anemia por la falta de hierro. Si se sospecha que esta es la causa, un suplemento vitamínico o una alimentación supervisada serían las soluciones.
Los padres en nuestro afán porque nuestros hijos sepan de todo, los incluimos en cuantas actividades conozcamos, sin dejarles tiempo para jugar, divertirse, tener pasatiempos o simplemente estar cómodamente ociosos. Cuando ellos no se sienten complacidos con su rutina, se produce un desequilibrio emocional que se manifiesta en fatiga crónica.
El aburrimiento también puede cansarlo. Sin nada que hacer o estar pegados a la tele o a los videojuegos por mucho tiempo es contraproducente.
Los niños y niñas también pueden deprimirse, ellos somatizan sus pequeños y grandes problemas y se angustian pensando que no tienen respuesta. La fatiga es una vía de escape a éstos. Si esta es su situación, hable con su hijo y hágale saber que lo ayudará en todo lo que pueda. Ayúdelo a sentirse feliz y amado, que estas emociones le darán toda la energía necesaria para gozar de su niñez.