Semanas atrás, mientras hablaba por teléfono en mi apartamento con una compañera de trabajo, sonó por otro lado mi celular. Era el joven director Renán Fernández para decirme que llamara a Neysa Ferguson, una conocidísima actriz y productora del medio teatral, quien tenía algo que informarme.
La llamé unos minutos después de terminar unos quehaceres del hogar. La plática giró en torno a su nueva producción teatral y para invitarme a ver la obra. Por supuesto que como estaba libre de mis oficios periodísticos acepté inmediatamente.
Me mostré un poco aprehensivo por los trabajos que he observado a través de los años de “Producciones Chaplin”, los cuales he llegado a catalogarlos de regulares, malos e intentos rescatables. En esta ocasión, me llevé una gran sorpresa con la pieza "Ladrón que roba ladrón tiene un Centenario de Perdón" y que se presenta en la sala del Teatro ABA hasta este domingo 30 de noviembre.
Aquella noche que asistí a la función, al finalizar la obra, emití un juicio ante dos amigos de teatro que estaban junto a mí: "Es el mejor trabajo que he visto de Producciones Chaplin"; uno de ellos respondió algo como: "es su primera obra de altura".
Efectivamente, este montaje de Chaplin resulta especial y sorprendente para los conocedores en la materia, porque aborda de una manera conmovedora y simpática el tema del Centenario, retratando la vida de siete personajes que con sus miserias e infortunios, son capaces de reír, gozar y, sobre todo, de tener sueños.
Siete caras del Centenario, que un simple anuncio en los periódicos sobre un concurso las hace interactuar, conocerse más a sí mismas, analizarse y, como toda persona de estratos sociales bajos, aferrarse a la esperanza para poder salir de la pobreza que las agobia, pero que cada día las une más y las hace sentirse vivas y muy panameñas.
En el asiento del teatro reí, me enternecí, medité y hasta puedo decir que el pecho se me apretó de la emoción por las escenas que se iban presentando poco a poco ante nuestros ojos y oídos.
Confieso que desde hace años conozco a Jonathan Prosper por su esmerado trabajo actoral en los escenarios y ahora es capaz de lograr mi admiración como dramaturgo con esta comedia teatral, cargada de lirismo y hermosos retratos populares, lo que motivó al director Fernández y a los demás compañeros de escena de Prosper como lo son Ferguson, Lucho Goti, Fabiola Sánchez, Irving Carrasco, Ramón Pereira y Rogermif Fuentes a adentrarse en sus roles y cautivar a los exigentes espectadores.
Este montaje, con mucho más presupuesto, que permitiera mejorar aspectos escenográficos y otros elementos técnicos, podría resultar un "boom" teatral; considerando que es el trabajo de alguien que comienza en estos avatares de la dramaturgia y porque verdaderamente está escrito con el corazón.