La Tate Gallery se unió al Museo del Prado y a la Reunión de Museos Nacionales franceses (RMN) para presentar, primero en Londres, una visión diferente de William Turner (1775-1851), precursor de insospechadas modernidades. Un artista británico que siguió la regla número uno de su época: "imitar a los grandes maestros del pasado", convirtiéndose en un padre del impresionismo y el abstraccionismo.