Algunas enfermedades se caracterizan por sus complicadas dotes de ocultación, que les permiten permanecer exasperantemente invisibles ante todas las pruebas y exploraciones que se efectúan al paciente que se queja de padecerla: un enfermo sin enfermedad.
Es el caso de la fibromialgia, una dolencia indemostrable, que no se sustenta en ninguna lesión ni alteración orgánica aparente que la explique y que sigue constituyendo un enigma un siglo y medio después de que unos médicos alemanes la describieran al llamar la atención sobre la posibilidad de que los músculos -las carnes, como los llamaban- fueran capaces de producir dolor.
Esta es a grandes rasgos la esencia de la fibromialgia (del latín fibra: fibra; del griego mys: músculo; y del griego algos: dolor): dolores difusos o generalizados de tipo crónico cuya posible fuente principal es la musculatura y sus inserciones.
Según los expertos, se trata de una misteriosa enfermedad en la que hasta ahora no ha podido demostrarse ninguna alteración radiológica (cambios detectables mediante rayos X), bioquímica (cambios en las transformaciones químicas de nuestro organismo) o histológica (cambios en los tejidos) que permita describirla, diferenciarla y clasificarla como un mal diferente.
Es una dolencia que carece de los parámetros habituales en los que el médico se apoya para poder designarla como una patología específica, y cuya invisibilidad ha favorecido que algunos la encasillaran como la expresión de un trastorno puramente psicopatológico o incluso como una simulación del paciente.
SINTOMAS SIN ENFERMEDAD
La fibromialgia, que viene siendo estudiada desde hace varias décadas por algunos investigadores, ha figurado en la literatura médica con el nombre de fibrositis, pero en los últimos diez años, además de cambiarle de denominación se han renovado los esfuerzos de los centros médicos por investigar la dolencia.
Los estudios han comenzado a arrojar algunos resultados esperanzadores que pueden abrir vías a estudios más concluyentes, sobre esta dolencia que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado en 1993 como M79.0, Reumatismo inespecífico.
Por ejemplo, se ha demostrado que los pacientes con fibromialgia presentan los mismos síntomas y signos, de lo cual puede inferirse que la enfermedad tiene rasgos distintivos propios.
Además, el Colegio Americano de Reumatología, con la colaboración de numerosos expertos en la materia, ha elaborado una serie de criterios "oficiales" que los enfermos han de reunir para poder ser diagnosticados de fibromialgia, lo que brinda una especie de "certificado de realidad" a esta dolencia difusa.
Se calcula de un 2 a un 7 por ciento de las personas que acuden al médico de cabecera, y del 6 al 20 por ciento de los que consultan al reumatólogo dicen que les "duele todo". Los médicos suelen achacar ese malestar al cansancio, a factores laborales o problemas anímicos, y proponen soluciones que no surten efecto.
UN ENIGMA SIN SOLUCI"N
Así, los pacientes efectúan un largo peregrinaje por sucesivos facultativos y especialistas, incluidos psicólogos y terapeutas alternativos, quienes les efectúan infinidad de pruebas y distintos diagnósticos y terapias, sin resultados favorables, mientras su dolor se extiende, su agotamiento se acentúa y su vida y actividades diarias se vuelven cada vez más difíciles.
La respuesta a la desazón que sufren los médicos y sus pacientes puede ser la fibromialgia, pero ¿en qué consiste este raro mal?
Según los estudios, la fibromialgia es una enfermedad común que afecta sobre todo a las mujeres (80-90 por ciento de los casos), de entre 25 y 50 años. Por su compleja y abigarrada sintomatología, y por la escasa información que se tiene sobre ella, muchas veces tarda de 5 a 10 años en ser diagnosticada.
El dolor lacerante, punzante, penetrante o abrazador, que en la mayoría de los casos se extiende de la región cervical a la lumbar, para desde allí irradiar a las extremidades, y que suele manifestarse más con el clima frío y húmedo y en los momentos de ansiedad y estrés, preside el cuadro clínico de la fibromialgia.
Además, se han establecido 18 puntos corporales que se presentan en la mayoría de los enfermos y que al ser presionados producen dolor, como los músculos trapecio y supraespinoso, la segunda costilla, la zona externa del codo, los glúteos, la zona interna de la rodilla, la región occipital y los lados del cuello.
La mayoría de las enfermas de fibromialgia, sufre un cansancio incapacitante que dura todo el día con distintas intensidades, el cual no resulta mitigado por el descanso nocturno, ya que su sueño es entrecortado por prolongados períodos en vela.
Estos síntomas pueden estar acompañados por sensación de hormigueo o pinchazos en piernas y brazos, rasgos de ansiedad y depresión, cefalalgia de tensión y menstruaciones dolorosas, así como sequedad bucal, dolor abdominal, diarreas, escozor al orinar y percepción de entumecimiento o tumefacción en manos o rodillas.
EFECTOS CONOCIDOS, CAUSA DESCONOCIDA
Pese a esta sintomatología, las pruebas médicas y controles periódicos que se practican al enfermo indican normalidad.
Aún se desconoce la causa de esta dolencia y los mecanismos que la ocasionan. Para explicarlos se han expuesto muchas teorías, supuestos y sugerencias en las revistas médicas más prestigiosas. Una hipótesis sugiere que la presencia del dolor, la fatiga y los trastornos del sueño, pueden relacionarse con una alteración en los neurotrasmisores (sustancias que actúan como mensajeros químicos en el sistema nervioso central) como la serotonina.
La búsqueda itinerante de una solución a su dolencia convierte al paciente en un consumidor habitual de fármacos (hasta un promedio de cinco sustancias al año), ante la gran dificultad de establecer una terapia específica para un mal inespecífico.
No obstante, la medicina dispone de algunas medidas terapéuticas que pueden adaptarse a la mayoría de los casos, como el ejercicio moderado para recuperar la forma física, o los medicamentos analgésicos y antidepresivos, para combatir el dolor y el insomnio, que se aplican según el entorno social, laboral y familiar, así como el estado de salud de cada enfermo.
Una de las pocas certezas que se tienen sobre esta dolencia es que si bien no es un riesgo para la vida, no precede a otro mal más grave ni ocasiona lesiones deformante o invalidantes, sus síntomas remiten en pocos enfermos. Los expertos confían en que el resto de los aspectos que permanecen en la oscuridad, la mayoría, sean desvelados por las investigaciones en curso.