Pocos podían imaginar que la comediante Joan Rivers, fallecida el pasado 4 de septiembre, hubiese podido amasar una fortuna de 150 millones de dólares. Sin embargo, esa es la cantidad que se repartirán sus herederos, su hija Melissa y su nieto Cooper, sin olvidarse de sus cuatro perros, que estarán mejor atendidos que una gran cantidad de seres humanos.
De esos 150 millones de dólares, 35 representan el valor de su extravagante apartamento del Upper East Side de Manhattan, que irá a parar a su única hija y a su nieto. Joan, un año antes de su muerte, logró vender productos de moda y accesorios por valor de $1.000 millones.