Que Frida Kahlo no era sólo pintora ya se sabe, porque era una de las artistas más avanzadas y concienciadas de su tiempo, y que del dolor hizo su objeto artístico queda patente en sus pinturas. Pero ahora puede apreciarse cómo esa fuerza y esa vivacidad creadora las llevó también a la escritura, con la publicación de su correspondencia.
"Ahí les dejo mi retrato" es el título del libro que recoge esta correspondencia y que acaba de llegar a las librerías, editado por Lumen, con prólogo de la escritora y editora Ana María Moix, quien reconoce a EFE que "si Frida hubiera querido, habría sido, además de pintora, una excelente escritora".
Así, más de cincuenta años después de su muerte, esta pintora que se ha convertido en un símbolo del feminismo y en una leyenda mexicana, cuyos cuadros cuelgan en los mejores museos del mundo, reaparece "a corazón y verbo abierto" en las cientos de cartas y notas reunidas por Raquel Tibol.
Unos textos que conforman una auténtica biografía de Frida Kahlo (1907-1954), escrita en primera persona, a través de unas cartas tejidas entre 1921, cuando una barra de hierro la atravesó la pelvis en una accidente que sufrió en un tranvía y la enclaustro en un corsé de yeso, a veces de hierro, de por vida, hasta poco antes de morir.
Aunque antes del accidente esta artista ya conocía el dolor, debido a un ataque de polio que sufrió a los seis años y que le afecto a la pierna derecha.
Cartas y poemas escritos a su familia, a los amigos; a sus amantes, mujeres y hombres, a su gran y "tortuoso amor", el pintor Diego Rivera, a su médico norteamericano Leo Eloesser, al que cariñosamente llamaba "queridísimo doctorcito", y quien la atendió cuando viajó a San Francisco en 1930, o las dirigidas a los surrealistas franceses, que la adoraban como queda patente en el libro.
En estas cartas habla de sus problemas económicos, de sus viajes, de arte, de su frustración por no haber podido tener un hijo con Diego Rivera: " Tenía yo tanta ilusión de tener un Dieguito chiquito que lloré mucho, pero ya que pasó no hay más remedio que aguantarme", escribe a su médico.
Pero el grueso de la correspondencia lo ocupa su enfermedad, el dolor, como recalca Ana María Moix: "Escribe con una fuerza tremenda, con un gran sentido del humor, juega con las palabras y con el lenguaje, pero el dolor circunda todo", dice.
En "Ahí les dejo mi retrato" se puede comprobar, además, cómo los surrealistas franceses cayeron rendidos ante su figura, incluso Bretón fue a visitarla a México porque la consideraban una gran surrealista, "por aquella mezcla de motivos de flores y elementos mexicanos cargados de símbolos, pero ella les decía que más que surrealismo, lo que contenían sus cuadros era su propia experiencia", subraya Moix.
Frida Kahlo lleva el dolor y la intensidad a sus escritos
"Si Frida hubiera querido, habría sido, además de pintora, una excelente escritora"