El escultor suizo Alberto Giacometti y el artista irlandés James Coleman comparten espacio físico y conceptual, en una peculiar galería en medio de la campiña inglesa, que ha querido unirles en su exploración de la percepción y la memoria.
Compton Verney, una imponente casa señorial en el condado de Warwickshire (centro de Inglaterra), acoge hasta el 1 de junio una pequeña muestra del trabajo de ambos creadores, que dedican parte de su obra a desafiar los prejuicios que constriñen la percepción.
Giacometti, clave en el surrealismo del siglo XX, se interesó por la figura en el espacio, creando unas características esculturas muy delgadas, casi transparentes, que reflejan su búsqueda de la esencia del ser humano.
En la época de la posguerra, cuando se traslada a vivir a París desde Ginebra (1946-57), deja el surrealismo para cultivar su propio lenguaje expresivo, casi existencialista, con el que intenta plasmar la división espacial entre el modelo y el espectador.
Es la obra de esta época, con esculturas etéreas e inquietantes dibujos de trazos superpuestos, la que se expone en tres salas del museo de Compton.