¿Cuidas tu lenguaje y las buenas costumbres, o NO te importa la percepción que los demás tengan de tus malos modales? Sin querer generalizar, podemos asegurar que hay muchas personas a las que parecer o ser educados no les interesa.
"Dar las gracias a pasado de moda, es una palabra en vías de extinción" así lo asegura el sociólogo Jaime Ríos, quien tiene su propio argumento para hacer sustentable su tesis.
Es muy frecuente encontrarse con situaciones en las que nos sentimos decepcionados por la manera en que se nos trata. Contestamos el teléfono y del otro lado de la línea hay un neurótico dando gritos y vociferando a toda garganta. ¿La razón?, su llamada había sido enviada en más de dos ocasiones a la persona equivocada. Y en el peor de los casos, -¡ una palabrota ! - nos transporta a la misma humillación.
Así como en una conversación vía telefónica sale a relucir lo mal educados que somos, en el diario vivir los sinsabores que nos dejan estos comportamientos van de lo simple a lo complejo.
"Es un asunto de educación, pero que debe ser reforzado en el hogar. No me agrada hacer comparaciones, pero nos jactamos de la avanzada tecnología de nuestro tiempos y nos hemos olvidado ser corteses con quienes están a nuestro alrededor", dice Ríos.
Pedir permiso, expresar agradecimiento, ceder el paso, abrir una puerta y dar la mano al ser presentado, no comportamientos que todos debemos tener hacia los demás. ¿Quién ha dicho que son acciones o comportamientos que corresponden exclusivamente a personas de avanzada edad? Pero, dentro de este contexto hay una realidad, las personas nacidas hace unas cinco décadas atrás si saben y practican la educación, a juicio de nuestro entrevistado.
Pareciera que entre la gente más "joven y moderna", expresar agradecimiento y practicar buenas costumbres es ofensivo.
Ser educado no tiene nada que ver con el nivel de cultura. Si tomamos como patrón a los habitantes de nuestra campiña, hombres humildes y trabajadores, que en la mayoría de los casos no han tenido la oportunidad de realizar estudios, sabríamos de qué estamos hablando. Ellos a su paso saludan, dan los buenos días y las buenas tardes a quien se encuentren en su camino, lo conozcan o no.
Si experimentamos el desagrado de las malas maneras cuando tomamos el teléfono, nos asustaríamos de la magnitud de sus efectos cuando tomamos un bus.
El bus es el sitio por excelencia donde a flor de piel "se nos sale el cobre" como decimos en el argot popular. Empujones, pisotones, entre hombres, mujeres y hasta en contra de los niños. Estar en un bus es como llegar a "la tierra de nadie", expresa Ríos.
Nadie te cede un puesto en un transporte público. No importa si estás embarazada, si llevas niños o paquetes, eso a nadie le interesa. Hasta la agresividad con la que el chofer conduce y la forma déspota en que trata a sus pasajeros, habla de sus truncados modales.
Cuando buscamos un estacionamiento, curiosamente descubrimos a una gran cantidad de mal educados que abruptamente nos quitan el derecho de aparcar. Se esconden en el anonimato que les brinda los papeles o vidrios ahumados para hacer de las suyas.
Ocurre que llevamos minutos esperando por un espacio y de repente, llegó el típico panameño, ese juega vivo, y haciendo caso omiso a nuestra direccional, se apodera del "parking".
Así de crítico es el panorama. No solamente los cables telefónicos son testigos de la mala educación, tampoco quienes no tienen otra opción de tomar un autobús y quienes van en sus propios vehículos.
Se ha generalizado la forma soez de tratarnos. Sus tentáculos han llegado a la propia internet. En este medio, se les conoce con el sofisticado nombre de "Trolls", que en la terminología de avanzada o tecnológica, se trata de una persona que escribe mensajes groseros u ofensivos en la web, con el objetivo de interrumpir discusiones, foros serios o enfadar a sus participantes.
Se ocultan en la impersonalidad que brinda la red para ejecutar a mansalva su atrofiado vocabulario en contra de todos.
Los trolls.. ah, esa especie tan "simpática" y adorable para algunos .. todos sabemos que existen, muchos los hemos leído, pero lo que más nos irrita es que sin pedirlo, ni buscarlo, en ciertos momentos tenemos que soportar sus vulgaridades.
Malas maneras, incultura, antisocial y otros calificativos podemos darles a quienes no practican normas elementales de urbanidad. Un mal de nuestros tiempos, de la sociedad actual que cae por un despeñadero sin que nadie lo pueda controlar.
Comencemos desde hoy a ser mejores personas, a practicar las buenas maneras, modales, y por qué no, a aprender a dar las gracias. Que no se extinga, que viva para siempre.