Hace cuatro años, Mattel Inc. exhortó a sus ejecutivos a que ayudaran a Barbie a salvarse de una pandilla de muñecas llamadas Bratz. La conclusión era que Barbie tenía que ser más "agresiva, revolucionaria y despiadada".
La guerra ya no es por el amor de las niñas, sino por los millones que generan las Bratz.
El juicio entre Mattel, padre de Barbie y MGA Entertainment, padre de las Bratz, empieza el martes en California.
Mattel reclama la propiedad de la línea de Bratz, que según los analistas, contribuye con ventas anuales de más de US$ 500 millones. MGA niega haber hecho algo ilegal y, a su vez, acusa a Mattel en una demanda por separado de copiar a las Bratz con el lanzamiento de la muñeca "My Scene".
Carter Bryant, un ex diseñador de Mattel quien promocionó el concepto de las Bratz a MGA, accedió a un acuerdo confidencial con su antiguo empleador. Mattel acusó al diseñador de inventar la muñeca mientras estaba en la nómina de la compañía. Mattel no reveló los términos del acuerdo, pero informó que le ayudaría en el juicio. MGA asegura que su posición no se ha visto minada. Bryant no quiso hacer comentarios.
La reyerta entre Barbie y las Bratz tiene importantes consecuencias para ambas compañías. La línea Bratz, que fue lanzada en 2001 y se convirtió rápidamente en la muñeca más popular de la industria, representa cerca de la mitad de los ingresos de MGA, firma que no cotiza en bolsa. Así se ha convertido en una importante amenaza para la franquicia Barbie, que registra ventas mundiales por el orden de los US$ 1250 millones.
Documentos judiciales revelan que desconcertada por el éxito de las Bratz, Mattel contrató investigadores privados para que espiaran a uno de sus ejecutivos, del cual tenían sospechas que estaba filtrando información a rivales. MGA, tal vez por temor al tipo de demandas que enfrenta ahora, trató de mantener en sigilo el papel de Bryant en la creación de Bratz, según correos electrónicos internos.
Bryant, que en la actualidad tiene 39 años, diseñó ropa para las muñecas de Mattel hasta 1998. Luego, dejó la empresa y se fue a vivir con sus padres, cerca de Springfield, Missouri, para tomar un respiro de la vida de Los Ángeles, según declaraciones juradas de Bryant y sus padres. Mientras conducía cerca del colegio de Springfield, se le ocurrió la idea.
Los adolescentes del lugar, dijo, "vestían, usted sabe, ropa de tallas más grandes, blue jeans grandes y sueltos... me puse a pensar que sería interesante que ciertos personajes representaran en forma fidedigna a los adolescentes de hoy". Bryant cuenta que regresó a casa para dibujar una idea: muñecas coquetonas de cabello encrespado, con el ombligo al aire y los brazos en jarras. El año siguiente, 1999, Bryant regresó a Los Ángeles y firmó un nuevo contrato con Mattel.
En su deposición, cuenta que empezó a pensar en las Bratz después de volver a Mattel e incluso se dio la molestia de certificar el cuaderno con los dibujos ante notario para dejar en claro que Bratz fue idea suya. Pero agregó que no creía que Mattel se fuera a interesar en los personajes y no le mostró los dibujos a su empleador.
Sin embargo, se los mostró a Verónica Marlow, una diseñadora free lance, a quien primero le había mencionado la idea en un pasillo durante un simulacro de incendio, según la deposición de Marlow. Posteriormente, Marlow ofreció conectar a Bryant con ejecutivos de MGM, para la cual estaba haciendo trabajo free lance.
El 1 de septiembre de 2000, Bryant pidió el día libre en Mattel para reunirse con Larian en su oficina. El diseñador llegó con un maletín negro que contenía sus esbozos y un pequeño modelo de una Bratz con minifalda. Una semana después Larian aceptó. Bryan gana el 3% por cada Bratz vendida, unos 30 millones desde que nació la muñeca.