La comida a veces satisface nuestros sentimientos o sensaciones, y cuando esto ocurre sin hambre, el resultado es la ganancia de peso. El comer emocional es una de las causas que conducen al aumento. Por eso, es importante prestar atención a cuándo comes y por qué lo haces.
Un estudio realizado en la Universidad de Texas demostró que existen diferencias entre el hambre física y el hambre emocional.
El hambre emocional comienza repentinamente; el hambre física ocurre gradualmente.
- Cuando estás comiendo para mitigar un sentimiento, no importa si tu estómago está lleno o vacío, solo necesitas comer. Y en este caso, eliges una comida específica y no te satisface cualquier alimento. Cuando comes porque realmente tienes hambre física, estás abierta a todas las opciones.
- El hambre emocional necesita ser satisfecha inmediatamente con el alimento que deseas; el hambre física puede esperar.
- Aun cuando estás lleno, si estás comiendo para satisfacer una necesidad emocional, comerás aún más. Si lo haces por hambre física, es más probable que dejes de comer cuando estás llena.
- El comer emocional incluye siempre sensaciones de culpa; el hambre física, no. Por todo esto, necesitamos aprender a comer. El primer requisito previo a comer es tener hambre: hambre genuina, no apetito. El concepto de comer solamente con hambre parece simple y obvio, pero, en realidad, es el consejo dietético más difícil de aplicar en la práctica diaria.
'Efecto rebote'
Para evitar caer en los famosos atracones hay que llevar adelante un plan de alimentación completo y balanceado. Las dietas restrictivas, además de ser peligrosas para la salud, propician el "efecto rebote".
"La idea no es hacer una dieta, sino tener un plan de alimentación y ejercicios personalizado, basado en la reeducación. La manera más efectiva de adelgazar y mantenerse es cambiando los hábitos y el estilo de vida", explicó la licenciada Viviana Viviant.