Hace unos años, no existían confusiones. Los hombres tomaban cerveza y eructaban, eran barrigones empedernidos, andaban desaliñados, y la palabra moda o "fashion" no existía en su vocabulario. Esto ha cambiado. Con la llegada del nuevo siglo, el avance de la joven mujer profesional y el imperante culto a la imagen, esta clase de macho cavernario, va rumbo a la extinción.
La nueva generación de nuestros hombres se preocupa cada vez más por su imagen, ya sea para obtener un empleo decente o para pertenecer a la lista de elegibles de las bellas y famosas. Van al gimnasio, al estilista y ya no compran su ropa en almacenes sino en boutiques o tiendas especiales para ellos.
Antes, los representantes del sexo fuerte, olían a loción de afeitar o la colonia del papá o el abuelo, y usaban los jeans hasta que se les deshacían encima del retruque que le daban; ahora tienen costosos perfumes como sello personal y compran pantalones de diseñador o de reconocidas marcas.
Y no es que nos quejemos, nos encanta esa apariencia pulcra y bien cuidada, pero nos tiene algo nerviosas. Y es que con el boom del fashion, también hubo un destape de la homosexualidad, por lo que cada vez se nos hace más difícil discernir, si se arreglan para nosotras o para otras personas.
Durante décadas fuimos bombardeadas con los estereotipos, de machos rudos y protectores y de "gays" (esa es la palabra de moda) nítidos y narcisistas. Los cuerpos de los hombre "del tiempo de antes" eran moldeados por el trabajo y no por el gimnasio.
Estamos asimilando su nueva imagen, que repito, nos encanta. Su vientre plano, su cabello al día, su boca humectada y su rico aroma, no los cambiamos por nada. Hasta da un poquitín de envidia ver la disciplina que tienen. Nos alegra también que debido a su buena alimentación y ejercicios, vivan más para nosotras.
Sin embargo, todavía existen muchos de ustedes que se sienten extraños al comprar algo que no sea crema de afeitar, desodorante con fragancia de algún fenómeno o desastre natural, u otro producto "for men". Suelen pedirle a su compañera que compre otros productos que lo puedan hacer ver sospechoso.
Todo este cambio empezó, según los entendidos, en la segunda mitad del siglo veinte, cuando las mujeres invadieron los territorios tradicionalmente masculinos y comenzaron a competir con ellos en lo académico y laboral, los hombres quedaron petrificados. Viendo, impávidos, cómo su reinado se reducía.
Algunos empezaron a explorar otros territorios y formas de vivir como varones sin perder su masculinidad. El lento, pero inminente cambio, incluía nuevas formas de relación con los hijos, las mujeres, con los otros hombres, en el trabajo, el éxito, el poder, la comunidad y la naturaleza y, por supuesto, con sus propios cuerpos.
Al hablarle acerca del tema de mi artículo a un amigo, me dijo que atenderse y cuidarse no significaba ser delicado u homosexual. Es sólo, me explicó, que están tomado conciencia de cuan atractivos pueden ser y de los beneficios que esta nueva forma de verse les trae, el principal, más y mejores chicas.
No son nada tontos, han descubierto que el híbrido de un macho-lindo es irresistible. Viven plenamente su masculinidad, dándose permiso de ser dulces y sensibles, cualidades que nos encantan y enamoran. Esta nueva especie de hombres heterosexuales bien cuidados, está muy lejos de desaparecer. Son depredadores feroces, están bien adaptados y su territorio está lleno de "hembras" dispuestas a ser la primera en su corazón.