Siempre me ha encantado ofrecer fiestas y cenas para mis amigos, además hacerlo es parte integral de mi profesión, por lo que convertirme en anfitriona es algo que ya me viene muy natural y me encanta planificar tanto comidas íntimas como grandes banquetes.
Aunque disfruto mucho de salir a probar restaurantes nuevos, en los últimos años prefiero la intimidad de mi casa para sentarme con amigos a comer, tomar y conversar. Sobre todo porque tengo control absoluto de la calidad de las comidas que estaré sirviendo, lo que es de vital importancia para mí (siendo como soy de obsesiva con la comida) y además porque en el ambiente casero las personas tienden a relajarse más.
Sé que para muchos la idea de invitar a casa puede parecerles un gran dolor de cabeza y, especialmente para quienes no cocinan, aterradora.
Para esto les comparto algunas anécdotas y truquitos para que ofrecer fiestas en casa sea algo fácil.
Es importante tener siempre unos bocaditos listos y servidos para los más puntuales y que así no pasen hambre mientras esperan al resto (que usualmente llegan tarde y que en Panamá suelen ser la mayoría).
Para no complicarse sugiero algunas variedades de aceitunas marinadas en diferentes hierbas y aceites, unas rebanadas de “baguete” tostado, nueces variadas, quesos y cortes fríos, fáciles de conseguir en cualquier supermercado.
El menú no debe ser complicado, ya que he aprendido que normalmente las mejores fiestas son las que son más fáciles de producir, para esto la mayor parte del trabajo pesado debe ser realizado de antemano, además es preferible servir platos que te sientas sumamente cómodo cocinando y que sepas que siempre te quedan excelentes, lo que asegurará que te luzcas ante tus invitados.
Hubo una ocasión en la que tenía muchas ganas de reunir a mis amigos, pero esa semana iba a estar realmente ocupada así que ponerme a cocinar no estaba entre mis opciones, entonces se me ocurrió planificar una noche de vinos y quesos, envié un email con una lista extensa de embutidos, quesos y algunos otros bocados que acompañan bien a estos y de donde cada invitado tenía que escoger dos artículos y traerlos a la reunión con una botella de vino. La idea era que ningún queso se repitiese y que pudiésemos degustar una gran variedad.
Lo único que tuve que hacer fue comprar en el supermercado algunas galletas, tostadas, panes y palitroques de diferentes sabores y logré así sin mucho esfuerzo organizar una deliciosa velada. De más está decir que la fiesta fue un éxito total.
Por último, si como hice yo en esa ocasión, decides pedirle a cada uno de tus invitados que traiga algo u ordenar toda la comida a un restaurante, recuerda que lo más importante es hacer un alto dentro del caos de nuestra vida diaria para compartir con las personas que queremos y que la regla primordial para una fiesta exitosa es que el anfitrión perfecto debe estar totalmente relajado, ya que mientras más cómodo te sientas al recibir a tus invitados, más relajados y cómodos se sentirán ellos también.