La familia real acudió a una de las tradiciones más arraigadas entre sus súbditos. Como cada año, la Reina Isabel II participó en el Remembrance Day o Día del Recuerdo, en el que se conmemora el final de la I Guerra Mundial.
Aunque como siempre la soberana inglesa es la gran protagonista de todo evento al que asiste, cada vez son más los ojos los que se enfocan en la progresiva participación de su nieto el Príncipe Guillermo en estos actos oficiales. Ataviado con el uniforme militar el hijo mayor del Infante Carlos, depositó una corona de flores rojas frente al Cenotaph, monumento dedicado a todos aquellos soldados británicos y pertenecientes a los países de la Commonweakth, que dieron sus vidas por el país durante los dos más grandes conflictos de índole internacional.
Mientras Guillermo realizaba la ofrenda, su padre lo miraba con una mezcla de orgullo y emoción que era evidente y que también compartían sus abuelos, la reina Isabel y el Duque de Edimburgo. De la misma forma, siguieron atentamente el acto, desde un palco, la Duquesa de Cornualles y la de Wessex, que acudió sin su marido, el príncipe Eduardo.
Ambas eligieron para la ocasión sobrios trajes negros, adornados tan sólo por el tradicional alfiler en forma de amapola que en el Día del Recuerdo suelen llevar prendido en la solapa. Esta flor simboliza el recuerdo, tanto a los soldados muertos, como a los familiares que perdieron la vida durante las dos Guerras Mundiales. Sus portadores rinden homenaje a los héroes caídos, a la vez que ayudan económicamente a la construcción de residencias para los veteranos supervivientes.
Además de la Familia Real británica, la gran invitada de honor al Día del Recuerdo fue Margaret Thatcher, que caminaba del brazo del ex Primer Ministro John Major. La que fuera conocida durante su mandato como la Dama de Hierro, se dejó ver durante esta jornada tan emotiva en una de las escasas apariciones que protagoniza últimamente a causa del alzheimer que padece.