Son muchas galas, variadas y de gran tradición, las que tiene el calendario social de Mónaco, pero el príncipe Alberto se ha sentido estos días especialmente cercano a una muy acorde a sus intereses ecológicos: el baile del Panda, que la fundación WWF, socia de la UEFA y encargada de la organización de la conservación global, celebró el sábado en la sala de Etoiles del Sporting de Montecarlo. Un baile que reservó en exclusiva a su novia, Charlene Wittstock, acudiendo sólo en su compañía.
La sirena sudafricana, cada vez más integrada en el Principado e impecable en su improvisado papel de Primera Dama, conquistó a los presentes. Charlene, de 30 años, fascinó con una creación de raso en blanco y con escote de palabra de honor con la que recibió a los más de 400 huéspedes junto al soberano. Un elegante recogido y pequeños pendientes coronaron su look.
La velada del proyecto llamado Natura 2000 reunió a las más altas personalidades del sector de la empresa, la industria y las organizaciones internacionales en Mónaco y Suiza. Proporcionó una plataforma de comunicaciones única para la celebración de la Europe's Natural Heritage (Herencia Natural Europea).